IDIOTAS ÚTILES

Álvaro Uribe decidió reinventarse buscando en el periodismo a su nuevo enemigo, sin importar lo útiles que en el pasado le fueron tanto medios de comunicación como periodistas. Así le paga el diablo a quien bien le sirve.

 Por: Alex Guardiola Romero

La pelea entre Álvaro Uribe y Daniel Samper Ospina no es una simple confrontación de egos, sino una bien calculada estrategia del uribismo para las próximas elecciones, porque a falta de FARC bueno es alebrestar el odio contra el periodismo. En los últimos años en Colombia, nada ni nadie ha sido más uribista que los medios de comunicación y los periodistas. Salvo contadas y notables excepciones, los medios de comunicación y los periodistas han sido la caja de resonancia encargada de mantener vigente al nefasto expresidente y sus tesis, fungiendo bien sea de títeres o de comodines en las estrategias de Uribe. Pero así le paga el diablo a quien bien le sirve, y ahora el periodismo pasó a ser la piedra sobre la cual Uribe piensa edificar su próxima catedral de odio.

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En esta ocasión, nuevamente el periodismo es el idiota útil del expresidente, porque el Mesías decidió reinventarse buscando un nuevo enemigo, y él sabe del odio bien ganado que tienen los medios de comunicación y los periodistas entre el público en general. Lo curioso, es que gran parte de la falta de credibilidad y el odio de que gozan los medios de comunicación y los periodistas en Colombia, se deben a la demostrada porra que le hicieron a Uribe, quien en aquella ocasión los usó para vender un discurso legitimador de la barbarie sobre el cual cabalgó su hegemonía. Durante años vimos a Claudia Gurisatti extasiada sonriéndole al líder paramilitar Carlos Castaño mientras lo entrevistaba, o a Salud Hernández defendiendo posturas que ruborizarían de indignación a cualquier ser humano normal, nos enteramos de columnistas que enviaban sus escritos para la corrección y visto bueno del uribismo, o vimos cómo RCN Radio fue cooptada por Pacho Santos como herramienta ciega del uribismo más delirante. Pero hoy el periodismo no es más que un simple peón del expresidente, demostrando que para él son unas fichas prescindibles de menor valía.

Para quienes nos preguntábamos cómo se iba a reinventar el uribismo tras la falta de las FARC y la guerra, la respuesta ha sido ésta, que si bien es audaz no deja de ser muestra de un desespero infinito que puede costarle caro al expresidente. Uribe se juega así el todo por el todo con una estrategia que incluso muchos de sus allegados miran con recelo, por lo menos en público, porque si de algo sabe el uribismo es de mostrar una cara en público y otra en privado. Exacerbar el odio contra objetivos claros es una fórmula que ha demostrado le rinde frutos al uribismo, sobre todo cuando el objetivo tiene un inmenso rabo de paja, pues el nuestro ha sido un periodismo vergonzante que ojalá ya haya tocado fondo. No obstante su bien ganada fama, los medios de comunicación y los periodistas aún son importantes en una sociedad que como la colombiana se destaca por su falta de análisis, criterio propio y la tendencia a consumir masivamente contenidos viciados, así que la estrategia puede significarle a Uribe su último cartucho.

Ahora bien, ya antes el expresidente ha entrado en confrontación con periodistas que se atreven a cuestionarlo, incluyendo documentados casos de persecuciones judiciales y extrajudiciales, y en ello siempre demostró que -sin importar la solidaridad de gremio- había quienes justificaban y aplaudían las acciones contra sus colegas, incluso algunas de ellas ilegales. Como no existe gremio en el que se evidencien más los egos y las miserias humanas que en el periodismo, ya hay periodistas que buscan en este nuevo episodio la oportunidad para posicionar a su nuevo mesías, esta vez uno con antecedentes de agresividad contra sus colaboradores, comenzando nuevamente el círculo vicioso. Tal parece que algunos periodistas ya asumieron su rol de títeres, y lo peor es que hay muchos que aparentemente lo disfrutan en medio de sus tardes llenas de luciérnagas.

No es cierto que atacar a Daniel Samper es atacar al periodismo colombiano o a los periodistas, sobre todo si se tiene en cuenta los antecedentes cuestionables de un Samper que disfraza de humor sus barbaridades racistas, regionalistas, políticas y sociales, pero lo valioso de la libertad de prensa es garantizar que incluso Samper pueda escribir o decir sus sandeces, y ya sabemos que a Uribe no le gusta eso de las libertades y los derechos. Por eso, aunque no estoy de acuerdo con lo que dice o escribe Daniel Samper, aunque lo considero un periodista y opinador menor, y me llama la atención que pelee con Uribe pero guarde silencio cuando el expresidente apoya a un Enrique Peñalosa que está desmembrando a Bogotá, es triste que haya sido él el caballo de batalla de esta nueva etapa del uribismo. La libertad de prensa radica en que incluso un Daniel Samper pueda opinar libremente.

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julio 18, 2017. Etiquetas: , , , , , , . Uncategorized.

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