ALZADOS EN ODIOS

La dejación de armas por parte de las FARC es apenas el comienzo de un camino difícil, donde la dejación de los odios por parte de los colombianos será ya no un tema meramente político, sino una cruzada psiquiátrica sin precedentes en el mundo.

Por: Alex Guardiola Romero

Pese a las muestras irrefutables de que el acuerdo con las FARC ha sido mejor que seguir en guerra, los colombianos siguen teniendo el cuchillo entre los dientes. De nada ha valido que las muertes entre la población civil y las fuerzas militares por el fin del conflicto hayan desaparecido, pues en los nueve meses del cese el fuego con las FARC solo hubo 1 herido en un hecho en el que un miembro del ejército entró irregularmente a una zona de exclusión, según datos del monitoreo del CERAC. Tampoco ha valido que no se hayan presentado enfrentamientos con las FARC, y que el único hecho atroz denunciado fue la violación de una menor por parte de un miembro del ejército. Tampoco ha importado que desde el 27 de junio haya 7.132 armas menos para matar en el conflicto. A los colombianos les sigue pareciendo mejor una guerra a la que ya estaban acostumbrados, les sigue gustando un discurso incendiario que los usa como carne de cañón, y siguen convencidos de que odiar es mejor.

DEJACIÓN 1

La encuesta Gallup de junio de 2017, cuyas muestras se tomaron entre el 15 y el 24 de junio, indica claramente que los colombianos seguimos alzados en odios, aunque evidencia una complejidad -casi una multipolaridad- en cómo nos sentimos frente a distintos tópicos del país y de nuestras vidas. Llama la atención, por ejemplo, que según ese instrumento de medición los colombianos piensen que ya el conflicto armado no es el principal problema de Colombia, y que ahora en cambio lo es la corrupción (28%) y lo que definen como “otros problemas” con un 35%, pero que un 43% sigan creyendo que la situación con la guerrilla está empeorando. Vale anotar que la medición se realizó varios días antes de que concluyera la dejación de armas por parte de las FARC, evento que si bien no tuvo el cubrimiento de prensa que uno creería merecería semejante hecho en una sociedad sana, sí influye en el estado de ánimo de los colombianos, no obstante los esfuerzos de muchos medios de comunicación por mostrarlo como “un circo” que ratifica “la entrega del país a las FARC y al castrochavismo”.

No será fácil demostrarles a los colombianos que el odio que le exacerbaron con fines políticos en las últimas décadas solo perpetúa la cadena de dolor y muerte. Hay generaciones que crecieron escuchando a políticos tratar de convencernos de que estaba bien matar a muchachos pobres inocentes y luego mostrarlos como guerrilleros caídos en combate, hay quienes sufrieron directamente el conflicto y será una tarea titánica hacerlos entender que la única manera de evitar que ese dolor le siga pasando a otros es abandonando la guerra. Hay políticos que construyeron su rédito electoral alrededor de la muerte y que no dejarán que ese discurso se les acabe, así les toque provocar más muerte, como ya lo han advertido. Hay fortunas construidas desde el despojo de tierras, la corrupción inherente a la guerra y tejidas con el hilo infame del narcotráfico, muchas de las cuales reposan en poder de personajes que insisten en mostrarse como prístinos empresarios emprendedores. Esos no dejarán que la sociedad cambie, porque la actual situación de odio les conviene; al fin y al cabo, para que surja un Mesías siempre se necesita que haya caos y desesperanza.

La encuesta Gallup de junio de 2017 nos indica que los colombianos solo tienen una opinión favorable del 44% de Humberto De La Calle, quien negoció los acuerdos con las FARC, pero en cambio tienen una opinión favorable del 46% de Álvaro Uribe Vélez, durante cuyo gobierno las víctimas del conflicto armado sobrepasaron los 5 millones, contando más de 8 mil asesinatos extrajudiciales conocidos como falsos positivos. Es decir, los colombianos admiran más a quién utilizó la guerra como el vehículo de muerte, que a quien logró la paz como forma de salvar vidas.

Aunque la verdad termina por imponerse, será difícil desmovilizar los odios de los colombianos mientras nos encontramos en medio de un bombardeo de mensajes que buscan desmentir la realidad. Primero nos dijeron que las FARC nunca dejarían las armas, luego que la ONU se prestaba para una farsa, y ahora que esas no son todas las armas y que hacen falta unas municiones. La repetición de esos mensajes cala en una sociedad con abulia que toma como cierto lo que digan algunos personajes y medios de comunicación instrumentos de esa agenda de odio, porque al colombiano promedio le cuesta pensar. La base de la guerra es y seguirá siendo la ignorancia; por ello, el odio tiene más cabida que el amor, porque para el amor y la esperanza se requiere una comprensión de la realidad que algunos colombianos no alcanzan. En palabras de Amos Alcott, “la enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”.

Educar para la paz implica transformarnos desde adentro, así como revalorar las prioridades que tenemos como sociedad y como país. Hay que empezar por la transformación de la realidad para modificar los hechos objetivos generadores de violencias, como la corrupción que ya no solo es política sino del día a día de nuestras vidas. Cambiar la cultura del más vivo debe conllevar también a que seamos capaces de ver más allá de lo obvio, a que nos interesemos más por aprender y analizar que por repetir frases de cajón diseñadas para hacernos parecer un ejército de zombies. El camino para lograr la paz apenas comenzó, y aunque lo importante es haber dado los primeros pasos hay que saber que esto no será fácil, no solo por la complejidad que ello implica sino porque siempre habrá quienes busquen hacérnoslo más complicado.

DEJACIÓN 2

Por décadas, la guerra enloqueció a los colombianos, así que es apenas obvio que ahora la paz también nos enloquezca. Lo difícil será hacer posible un tratamiento psiquiátrico colectivo para una sociedad enferma con un sistema de salud como el nuestro, creado para perpetuar el dolor y la enfermedad por los mismos que alimentaron la guerra. La salud mental de los colombianos debe ser una cruzada mundial, y hoy más que nunca necesitamos apoyo internacional para abandonar el odio.

Que alguien venga y nos quite el dedo del gatillo, por favor.

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junio 29, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized.

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