VOTOS DE SANGRE

Con el atentado en el centro comercial Andino, los señores de la guerra comenzaron a fabricar una sensación de miedo que justifique la llegada de un Mesías, ojalá con todo y sus Doce Apóstoles.

Por: Alex Guardiola Romero

Con el criminal atentado del sábado en el centro comercial Andino, en Bogotá, comenzó la carrera por la presidencia de la república. Y comienza con los señores de la guerra buscando crear zozobra, no solo porque eso es lo que ellos saben hacer, sino porque nada les funciona tan bien como el miedo. Una población asustada busca un Mesías, y allí es cuando aparecen ellos con todo y sus doce apóstoles, sin importar cuántos muertos causen en su camino. Para mostrarse como salvadores no les interesa incendiar un país que solo quiere dejar de matarse; los suyos son votos de sangre.

Es que firmada y en ejecución la paz con las FARC, y en proceso de negociación con el ELN, a los señores de la guerra se les acaba el discurso. ¿Quién es el Mesías sin su némesis?  Por ello, la búsqueda de continuar la zozobra era una estrategia tan previsible como absurda que me temo se va profundizar con el paso de los días. Ante la pérdida de credibilidad, ante la inminente dejación de las armas por parte de las FARC, ante la carencia de un discurso que sostenga su mafia, aquellos que prometieron hacer trizas la paz recurrirán una y otra vez a generar miedo, igual que antes lograron “emberracar” a la gente para que saliera a votar. Esa es una receta que antes les ha funcionado y que repetirán hasta la saciedad, eso si se lo permitimos.

PATRIOTA

Podría afirmarse que ellos utilizan la combinación de todas las formas de terrorismo, porque no contentos con matar a tres mujeres indefensas en el baño del centro comercial Andino, continuaron su terrorismo desde las redes sociales. Allí insinuaron de manera “libreteada” que la ciudadana francesa fallecida había ido a Cuba a quién sabe qué, que eso de ayudar a niños y niñas pobres en un colegio de la Bogotá profunda no era tan inocente. En su demencial ceguera, los señores de la guerra fueron tan viles que estructuraron un discurso legitimador de la barbarie para que los colombianos asumiéramos que el terrorismo físico y virtual serían cosa del día a día de ahora en adelante en nuestras vidas, hasta que emergiera la figura salvadora del Mesías. Lo complementaron con fotografías infames de los heridos, como cuando mostraban montañas de supuestos guerrilleros caídos en combate con botas nuevas y puestas al revés en pies de tallas distintas. En resumen, desde el sábado comenzaron a “cotidianizar” la violencia, preparándonos para lo que tienen pensado: hacer trizas la paz.

Pocos segundos después del atentado, ya Salud Hernández decía que ese acto terrorista tenía el sello del ELN, ya congresistas pedían evitar que Juan Manuel Santos terminara su mandato constitucional mediante un golpe de Estado, y ya el otrora consorte del líder paramilitar Carlos Castaño hacía circular fotos sangrientas por las redes. Y entonces uno se pregunta cómo “resolvieron” tan rápido el atentado, cómo investigaron en solo segundos, y la conclusión obvia es que no solo sabían lo que iba a ocurrir, sino que todos estaban sentados frente a su computador o teléfono inteligente ansiosos por decir lo que ya tenían libreteado.

Pero lo peor no son los actos de la gente mala sino la credulidad de la gente buena. El problema no es que mientan, ataquen, maten o delincan de manera aleve, sino que haya quienes les crean con la ceguera propia del fanatismo, porque lo único peor que el infame es quien lo defiende. La estrategia de dividirnos incluso ante un hecho tan execrable, es un juego de tontos en el que caemos no porque sea una manifestación del “culiprontismo” propio de las redes sociales en Colombia, sino porque ello les representa réditos políticos; mientras nos lanzan una carnada para que peleemos entre nosotros, ellos seguirán reinando en su reino de sombras y cadáveres.

Está más claro que nunca: la decisión es entre la paz o la guerra. Cualquier paz imperfecta es preferible a una guerra perfecta, y ciertamente prefiero ver a Timochencho tirando discursos y no tirando cilindros bomba contra un pueblo cualquiera. La reciente reflexión del padre Alberto Linero sobre la necesidad de perdonarnos como sociedad es más profunda de lo que cualquiera pueda pensar, pero para que ello suceda debemos llegar a un estado de reflexión muy difícil de alcanzar con el atronador ruido de las bombas. Continuar con la zozobra, expandir el miedo como un vector de viralidad, es la manera que tienen aquellos para que no tengamos tiempo de perdonarnos, para que no tengamos tiempo de pensar. Colombia debe ser el único país donde algunos se oponen a que la guerrilla más antigua del mundo entregue sus armas y las cambie por los discursos, y para evitar que ello suceda recurren a lo impensable. Ya aquellos están acostumbrados a la muerte y no nos quieren dejar acostumbrar a la paz.

En conclusión, matar a inocentes solo para decir “esa es la paz de Santos” es lo más infame que un ser humano pueda hacer, incluso tratándose de los señores de la guerra.

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junio 20, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized.

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