VAYA A COMER MONDÁ

Mandar a comer mondá ha evitado más muertes que todas las campañas contra la violencia porque representa el espíritu no violento y exagerado característico del ser humano Caribe.

Por: Alex Guardiola Romero

Cada vez que alguien en medio de una discusión manda al otro a comer mondá, le está salvando la vida. La histriónica expresión de quienes nacimos en el Caribe, que en otras latitudes equivale a “vete al carajo” o “vete al diablo”, pero con la exageración propia de quienes nacimos en este lado del mundo, es un catalizador de la violencia fatal sin igual. Me explico: dado que en el Caribe colombiano utilizamos la expresión de marras, logramos evitar que las agresiones pasen a un plano físico o a la generación de lesiones potencialmente fatales, lo que explica que se mantengan bajos índices de homicidios en los departamentos de la costa norte colombiana, a pesar de todos los precursores presentes, tales como la pobreza, el hambre, el desempleo, la desesperación y el olvido.

EMPANADAS

La expresión en boca de un caribeño se convierte en un punto final para la discusión, en una liberación para quien la profiere y en una sentencia inapelable para quien la recibe. Mandar a comer mondá ha evitado más muertes que todas las campañas para evitar la violencia juntas, quizás porque representa el espíritu no violento característico del ser humano Caribe. Cuando a uno lo mandan a comer mondá, no solamente se queda sin nada que decir sino pensando de dónde pudo haber surgido tamaña genialidad. Alguien que zanja una discusión con esa expresión, no merece nuestra venganza sino nuestra admiración.

En otras partes, especialmente en aquellas donde se presume de una fingida decencia, cada vez que se privan de reventar en cólera de una forma tan llamativa como mandar a alguien a comer mondá, se atiza el fuego de la venganza y la muerte. Quien no grita su frustración con tan poderosa frase se convierte en un asesino en potencia, guardando todos los rencores que inevitablemente un día se convierten en sangre y dolor. Por intentar ser más cultos, muchos transitan el camino que los lleva a ser como Pablo Escobar, sencillamente porque ni su lenguaje ni su ropa les ha permitido hacer catarsis de la rabia que para algunos significa vivir.

Para quienes no están familiarizados con el término, en el Caribe colombiano “mondá” es la locución popular que se refiere al miembro viril masculino, pero solo a aquellos cuyas dimensiones son dignas de mencionar. Sin embargo, dado el uso generalizado del término en las últimas décadas, en la costa norte colombiana ha venido a llamársele “mondá” a todo, lo cual incluye desde una distancia considerable hasta a una cosa u objeto indeterminado; es común escuchar frases como “pásame esa mondá que está ahí” o “esa mondá está muy lejos”. La palabra “mondá”, se presume, viene de la expresión francesa “mon dieu” que significa “dios mío”, utilizada para denotar sorpresa, y se cree era la utilizada por las putas francesas asentadas en las zonas de tolerancia en Barranquilla, Santa Marta, Ciénaga y toda la zona bananera de principios del siglo XX, cada vez que veían el tamaño del miembro de sus clientes nativos de estas latitudes. Con el pasar del tiempo, se extendió la utilización de la palabra “mondá” porque se asumió que la expresión de asombro de las meretrices francesas era su manera de designar al pene, hasta llegar a su polisémica actualidad.

Sin importar su etimología, la palabra “mondá” se usa en todos los estratos sociales del Caribe, desde el vendedor deslenguado y procaz del centro de Barranquilla, hasta por la señora que se cree europea en los sitios exclusivos de la Cartagena inalcanzable. Dado que es patrimonio del lenguaje en el Caribe, y quizás porque se refiere muchas veces al miembro viril de considerables dimensiones, en otras partes se le asocia con la vulgaridad y la falta de cultura, desconociendo su poder liberador y su riqueza lingüística y cultural. Para los barranquilleros especialmente, la referencia fálica de la palabra es tan importante que está representada en el disfraz de la marimonda, toda una celebridad que permanece en el tiempo en el Carnaval de Barranquilla y que resume de una forma jocosa la esencia de esa fiesta.

Yo creo que el intento de algunos por proscribir la palabra mondá no hace sino reflejar su frustración y envidia por lo que representa y ellos no tienen, negándose las bondades que para su vida diaria tiene el utilizarla (me refiero a la expresión, no me malinterpreten); mandar a comer mondá y gritarlo con ahínco es, indiscutiblemente, de los mejores psicólogos que cualquiera pueda procurarse, porque el suyo no solo tiene un efecto placebo sino un verdadero poder liberador.

Dentro del espíritu festivo propio de los habitantes del Caribe universal, y especialmente el Caribe colombiano, no tiene cabida la muerte, a tal punto que durante las festividades nos burlamos de ella caricaturizándola y haciéndola prescindible, por ejemplo, con el renacimiento de Joselito Carnaval cada año. Por ello, es una desviación sociológica imaginar que en el Caribe colombiano se escenifiquen la violencia y la muerte como parte de nuestra cotidianidad, razón por la cual las que podríamos llamar “maniobras evasivas” son parte integral de nuestra idiosincrasia. En este orden de ideas, mandar a alguien a comer mondá refleja nuestro deseo por huir del pleito, por sacarle el cuerpo a la violencia y a la muerte. Es, también, una manera de decirle al otro que su rabia enceguecedora solo tiene cabida en un sitio tan lejano que solo puede ser descrito con la palabra “mondá”.

La vida en el Caribe colombiano es sagrada, razón por la cual su preservación requiere de inventiva y magia cotidiana. Sin dudarlo, la próxima vez que a usted lo manden a comer mondá, vaya y hágalo, porque eso significa que se le quiere tanto que están dispuestos a evitarle la violencia. ¡Cuántos muertos nos hubiéramos ahorrado en Colombia si mandáramos a quien se merece a comer mondá!

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Nixon Padilla dice:

    La palabra “mondá”, deviene del verbo “mondar” (limpiar, pelar), que a su vez viene del latín “mundare” que significa limpio, pelado. En nuestro contexto se utiliza para denotar un pene “pelado” o con el prepucio retraido. y su generalización se asemeja, como bien dice el texto se asemeja al uso que se le da a la palabra carajo.

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