SÍ O NO: ENTRE LA VENGANZA Y LA ESPERANZA

Votar por el NO es la garantía de que el dolor continuará. No es cierto que los acuerdos se corrijan, con ese argumento además lo están tratando de ignorante. Votar por el SÍ es demostrar que sí podemos cerrar el círculo vicioso de dolor y muerte.

Por: Alex Guardiola Romero

La paz se trata de cerrar el círculo, no de perpetuar el dolor; por eso, un acuerdo que exige que los victimarios –sean de las FARC, de los paramilitares o del Estado mismo- pidan perdón y reparen el daño, es lo ideal para un país que se consume en un círculo vicioso de violencia y venganza. Que un guerrillero vaya a la cárcel y se pudra en ella, ni repara, ni es justicia, ni revive a los muertos. Sucede que quienes piden con voz altisonante que haya cárcel y ojalá pena de muerte, están inmersos en una sed de venganza que solo perpetúa el dolor. Los promotores de la guerra, los que otrora apoyaron al paramilitarismo hasta decir que les hubiera resultado fácil dejar que éstos acabaran con las FARC, los que vestían jóvenes pobres como guerrilleros para presentarlos como bajas en combate, los que llevan cinco décadas amasando fortuna con la guerra, esos que promueven el NO, en realidad quieren que el círculo vicioso se perpetúe, que se haga eterno el dolor.

FARC PAZ.jpg

Foto cortesía de El Heraldo.

La guerra, que se hace con sus hijos y los míos, está hecha de dolor. De madres que nunca volvieron a ver a sus hijos, bien sea porque siendo soldados murieron en un combate, o porque siendo guerrilleros fueron asesinados y torturados por agentes del Estado no estando en combate, o porque siendo jóvenes pobres e inocentes fueron “escogidos” por paramilitares que recibían órdenes superiores para ser presentados como trofeos de guerra. La guerra está hecha de lágrimas que le representan dinero a quienes venden las armas, a quienes se apoderan ilícitamente de tierras y ganado, y a quienes llevan sus dólares a paraísos fiscales. La guerra se hace con su dolor, con el mío y con el de muchos, para que unos pocos se lucren política y económicamente con ella.

El acuerdo con las FARC no es una receta mágica que traerá la paz de forma inmediata, pero sí es un acuerdo social para construir una nueva realidad, una en la que no se repita la historia, en la que se combatan las causas objetivas generadoras de conflictividades, y en la que se proteja la propiedad de la tierra. Contrario al rosario de mentiras que se han inventado los señores de la guerra para promover el NO, el acuerdo con las FARC protege la propiedad privada para que nunca más un terrateniente avenido a delincuente haga crecer las fronteras de sus propiedades con sangre. Si usted teme que le quieten sus tierras por el acuerdo con las FARC, seguramente es un delincuente que asesinó, desplazó y robó a campesinos inermes; en cambio, si el acuerdo con las FARC le tranquiliza, usted es un ciudadano cuyas propiedades son el fruto del esfuerzo y el trabajo decente.

Votar por el NO es la garantía de que el dolor continuará. No es cierto que los acuerdos se corrijan, con ese argumento además lo están tratando de ignorante, porque el acuerdo con las FARC es producto de un mandato de orden constitucional y que además se rige por las normas que rigen los acuerdos internacionales. Si usted vota NO, sencillamente está facilitando que los mismos de siempre sean más ricos a costas de sus muertos, los suyos y los míos; si usted vota NO, está garantizando que otras familias vivan lo que la suya ya vivió, todo para que los hijos de cierto dirigente sigan guardando caletas en Panamá o Suiza. Si usted vota NO, está aceptando que sus hijos, nietos y sobrinos, sean carne de cañón para garantizar el statu quo de unos criminales para quienes usted es un número más, una figura prescindible y sacrificable.

En cambio, votar por el SÍ es demostrar que sí podemos cerrar el círculo vicioso; que no nos interesa perpetuar el dolor como modo de vida. Mientras el SÍ es esperanza y vida, los otros promueven la muerte y el fanatismo para su propia conveniencia. Recuerde que Jesús dijo: “la paz os dejo, la paz os doy” y que a nosotros como buenos cristianos nos corresponde hacer realidad las enseñanzas de amor y paz de nuestro señor. Hay que decirle SÍ a la vida, SÍ al amor y SÍ a la esperanza, porque de nosotros depende que las nuevas generaciones no vivan las mismas penurias que enfrentamos nosotros. Votar SÍ es tener esperanzas, es su decisión.

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octubre 1, 2016. Etiquetas: , , , , , , , . Uncategorized.

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