EL REY DE LA DINASTÍA ZULETA

“… yo llegué de mañanita

siendo yo un hombre oportuno,

y no me dieron desayuno

mucho menos la cosita…”

Verso no grabado de La Pimientica, de Emiliano Zuleta Baquero.

Por: Alex Guardiola Romero

Cuando yo era un niño, llegué a pensar que Emiliano Zuleta Baquero era inmortal. Para mí, el “Viejo Mile” era un espécimen de una raza de vampiros vallenatos que se habían afianzado en nuestro folclor para hacernos felices. Según mi febril imaginación infantil, de ese grupo hacían parte Alfredo Gutiérrez, Leandro Díaz y Escalona, y el tiempo ha venido a confirmarme que el único vampiro del grupo es Alfredo Gutiérrez. Ni siquiera vale la pena sacar la cuenta de cuántos años tiene el maestro Alfredo, pero en lo que sí estuve en lo cierto es en que esos magnánimos representantes del vallenato son inmortales. Emiliano, más allá de La Gota Fría, nunca muere. Y los Zuleta tampoco, porque su descendencia permanece instalada en el vallenato como una especie de monarquía; como si los Zuleta fueran los dueños de todo esto.

ZULETA

El Rey es Emiliano, lo sigue siendo una década después de su muerte, porque estaba escrito en el destino del vallenato que él sería el árbol fuerte de una dinastía. Es que crecer para Emiliano fue una aventura. Para empezar, se vio rodeado del mito según el cual él era hijo de dos hermanos, lo que lo convertía en una especie de atracción en La Jagua Del Pilar y toda la región. Pero no es cierto que Sara Baquero y Cristóbal Zuleta fueran hermanos biológicos, sino que se criaron juntos, lo cual resultó suficiente para que se incubara la leyenda que al parecer predestinó a Emiliano para ser reconocido. Era el elegido.

Siendo aún un niño, Emiliano tomó licor por primera vez, un día que la mítica vieja Sara le preparó una toma para tratar de recuperarlo luego de que se atragantara de barro hasta enfermar, un manjar que sin explicación alguna solía disfrutar. Ese día, cuando probó el bebedizo a base de chirrinchi, Emiliano al principio lo rechazó, pero pasado el tiempo no solo se tomaba el que su madre le daba sino que a escondidas se bebía dos o tres tragos más. Luego vinieron las mujeres, las parrandas y la “pimientica” que le quitó en su vida más de 40 pesos.

Lorenzo Morales siempre dijo, en versos y en parrandas, que Emiliano era un embustero. Lo que pasa es que no se sabe dónde comienza el hombre y dónde la leyenda, pero hay cosas por lo menos extraordinarias en su existencia. Por ejemplo, Emiliano afirmó algunas veces que en su vida había tenido más de 80 mujeres, por lo que resultaba imposible cuantificar con certeza su número de hijos. Incluso siendo un octogenario presumía de poder cumplirle a cualquier muchachita. Lo cierto es que desde él se desgajó sobre el vallenato una dinastía prolífica que fecundó el folclor de historias, composiciones y talento. El “Viejo Mile”, sin saber leer ni escribir, compuso docenas de canciones como si ello fuera necesario para contar su vida; si Escalona fue un cronista de su época, Zuleta fue un editorialista cantador, porque las suyas siempre eran canciones con opinión y análisis de su propia realidad, llenas de adjetivos calificativos y juicios de valor.

El trago y la parranda le robaron la posibilidad de ser el primer rey vallenato, porque la última noche del recién nacido Festival de la Leyenda Vallenata no se presentó en la tarima a tiempo, por estar tomando con Poncho Cote, Pavejau y otros contertulios, celebrando de manera anticipada lo que todo el mundo sabía: que Emiliano Zuleta sería el primer Rey Vallenato. Esa noche, el eximio jurado integrado por Rafael Escalona, La Cacica Consuelo Araújo, y el doctor Alfonso López Michelsen, decidió coronar a Alejo Durán ante la descalificación de Zuleta, para quien la situación fue una afrenta directa de su amigo Escalona. Aunque luego se reconciliaron y volvieron a ser los compadres de antes, Emiliano sacó el tema a flote siempre que pudo en cuanta entrevista le hacían, como si la herida no hubiera cicatrizado.

Pero la historia con Carmen Díaz fue punto y aparte. Se casó con ella promediando el siglo XX, y se separaron en 1982, el mismo año en que fue asesinado su hijo Héctor. Quizás por hacerla sufrir tanto andando con mujeres aquí y allá, Carmen Díaz dejó al viejo Emiliano, y como para que él se diera cuenta que la cosa iba en serio, le quitó el habla por casi tres décadas. Uno se pregunta cómo fue eso posible, sobre todo cuando ella estaba advertida de las andanzas de Emiliano, como lo dice él en la canción que le compuso a manera de defensa: “…Me le dice a Carmen Díaz / que sufra y tenga paciencia / porque ella muy bien sabía / que Emiliano es sinvergüenza…”. Cualquiera que le guste la buena música debe estar agradecido con el útero de Carmen Díaz, esa mártir que parió a Emilianito, Poncho y Héctor. Si lo analizamos bien, en esta edición del año 2016 del Festival Vallenato la homenajeada debería ser ella, quien soportó al “Viejo Mile” y parió a quienes llevaron –entre otros- al vallenato a convertirse en patrimonio de la humanidad. Es como si Carmen Díaz hubiera tenido un acordeón por útero.

Lo que sí parecía un acordeón era el corazón de madre de Carmen Díaz. A Héctor lo mataron en agosto de 1982, cuando apenas tenía 22 años, pero ella siguió hablando con él todos los días, como si no hubiera muerto. Héctor decía que ella era su novia, y fue quien más cercano y por más tiempo estuvo en el hogar materno, así que el cariño fue muy profundo. Carmen se convirtió en una de aquellas matronas del Caribe que nunca se quitan el luto. Todos los domingos se veía a una anciana de eterno luto visitando en su tumba a quien decía es el “más simpático de sus hijos”, y viendo de cerca a Poncho, uno hasta le daba la razón. Un mes de abril de 2002, Carmen se fue a visitar a Héctor en la eternidad y no volvió; tras varios meses de dolores aquí y allá, la matrona se extinguió. Para entonces ya se hablaba con Emiliano, tras 28 años de silencio mutuo, y habían hecho las paces hacía pocos años como para no morirse disgustados.

En 2005, luego de varios problemas de salud y sin poder beber como antes, el viejo Emiliano murió; hacía tres años que extrañaba a Carmen, así que cumplió su promesa de, en otro tiempo, volverse a casar con ella. Al fin y al cabo, el “Viejo Mile” no era eterno, pero sí inmortal.

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abril 26, 2016. Etiquetas: , , , , , , , . Uncategorized.

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