SÍNTOMAS DE INEPTITUD

La política de seguridad ciudadana de la administración Peñalosa, en cabeza del mismo alcalde y del subsecretario de seguridad, ha consistido en perseguir grafiteros y no en enfrentar bandas criminales. ¿Cuándo comenzará a atacar a la delincuencia de verdad?

 Por: Alex Guardiola Romero

Que en una ciudad plagada de violencia estructurada, organizaciones criminales y bandas especializadas (hurto a celulares, fleteros, apartamenteros y similares), el subsecretario de seguridad se dedique a perseguir a quienes dejan mensajes en las paredes, es sintomático de que ese funcionario es inepto, está desactualizado y tiene muy poco conocimiento respecto de las teorías de seguridad ciudadana aplicables a un territorio conflictivo pero aún manejable como Bogotá. En su arribismo egocéntrico, tanto el alcalde de Bogotá como el subsecretario de seguridad, quieren aplicar las mismas medidas que se usaron en Nueva York a comienzos de los años 90, sin darse cuenta que ni aquello resolvió los problemas de verdad en la Gran Manzana, ni la Bogotá de hoy reclama tapar bajo la alfombra los problemas sociales.

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Los graffiti no matan; la ineptitud, sí.

En la ciudad hoy operan bandas criminales organizadas derivadas del paramilitarismo y el narcotráfico, bandas especializadas que manejan el crimen bajo la modalidad de contratistas o ejecutan sus propias fechorías como hurto a residencias y comercios, y pandillas y grupos de defensa identitaria que se alimentan no solo de la pobreza y la falta de oportunidades sino de la cultura de la ilegalidad. Estos fenómenos complejos implican acción institucional con aportes como intervención social a grupos específicos, inteligencia predictiva y electrónica, alternativas de ocupación del tiempo y posibilidades de proyectos de vida alejados de la ilegalidad. Por ello, pretender enfrentar los problemas de seguridad de una urbe tan compleja desde lo social y político solo limpiando postes y atacando a los grafiteros, es querer ir a la guerra con pistolas de agua rosa y ajustados uniformes a la moda para que todo se vea “más lindo”.

Hay, además, una cooptación mafiosa de las instituciones. En Bogotá, las organizaciones criminales y las bandas especializadas permearon a la policía y otras instituciones como parte de su plan operativo. Las bandas organizadas de microtráfico, por ejemplo, utilizan a policías como parte de su estructura, y las organizaciones de fleteros y apartamenteros han hecho lo mismo. En la anterior campaña electoral para llegar a la alcaldía de Bogotá, el candidato Alex Vernot puso el dedo en la llaga y llamó la atención sobre la necesidad urgente de intervenir a la Policía Metropolitana de Bogotá, y las investigaciones, capturas y procesos de los últimos meses le han venido a dar la razón, aunque son insuficientes y no responden a un plan de renovación profunda de las estructuras policiales. Peñalosa y su subsecretario de seguridad guardan un silencio reverencial por la Policía, haciéndose los de la vista gorda sin impulsar una intervención a fondo de la institución, dejando sola a la dirección nacional de la Policía en su afán por cambiar positivamente. Tienen miedo, no tienen la autoridad y carecen del conocimiento para jugar un rol importante en ese proceso.

Los operativos contra quienes tienen como único recurso para subsistir las ventas de cualquier cosa en el espacio público, así como el intento de persecución contra algunos muchachos que dejan mensajes en las paredes de la ciudad, es indicativo de que al alcalde Peñalosa y a sus funcionarios –también a muchos concejales de bolsillo- les importa más el qué dirán que el cómo y por qué matarán o robarán. O prevenir que ocurra, que sería lo ideal. Ya no importa que se mate, se atraque o se agreda, sino que ello suceda en un espacio “bonito y limpio”. Lo peor, es que fanáticos del uribismo-peñalosismo (que es el que gobierna hoy a Bogotá) por redes sociales ya hablan de francotiradores contra quienes pinten una pared, y de “curar con bala esa plaga”.

La teoría “de las ventanas rotas”, que es la que soporta las actuaciones de la administración Peñalosa, no solo está en desuso por su demostrada ineficacia sino que es propia de gobiernos cosméticos, ineptos para atacar de fondo las condiciones objetivas generadoras de violencias y conflictividades. Se centra en la expresión final que “afea” el entorno, pero no corrige las inequidades que desembocan en esa distorsión social; se preocupa más por la foto del momento y no por el libreto de la película. La política de seguridad ciudadana de la administración Peñalosa es una muestra fehaciente de una élite superficial, vacía e inepta que solo busca que el apartamento se vea limpio guardando la basura bajo la alfombra.

Es apenas risible que se ataque a unos cuantos muchachos que dejan mensajes en las paredes con la excusa de defender “lo público”, mientras se prepara la venta de la ETB y la Empresa de Energía de Bogotá, ambas de capital público; es como si el violador en serie defendiera la fidelidad. Usted, alcalde, tan preocupado por defender lo público, comience por evitar que el actual gerente de la ETB siga diciendo mentiras justificatorias para vender la empresa, e incluso intente usted mismo gobernar, porque a Bogotá le caería bien tener un alcalde, así sea usted. Si su administración sigue permitiendo que a los niños y niñas de los colegios públicos no se les entregue alimentación, merced del actuar criminal de los funcionarios que teniendo las mismas funciones generaron la hambruna en La Guajira, de seguro serán ellos, los niños hambrientos de hoy, quienes pintarán las paredes dentro de poco, y créame, los mensajes no le gustarán.

El orden, tal y como lo pretenden Peñalosa y sus funcionarios, lejos de significar seguridad es sinónimo de una sociedad obtusa y reprimida. Una sociedad de miedo. La seguridad es otra cosa; no se trata de que seamos iguales como piezas de molde, sino de que siendo diferentes aprendamos a gestionar nuestros conflictos sin recurrir a la violencia.

Y que se sepa, un grafiti nunca ha matado a nadie. La cobardía de un alcalde, sí.

Bogotá, marzo 20 de 2016.

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