PEÑALOSA, EL HIPOTECADO

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Las declaraciones públicas y actuaciones de Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá, demuestran que no solo no sabe lo que dice y hace, sino que hipotecó tanto su mandato que no ha logrado poner de acuerdo a quienes lo financiaron.

Por: Alex Guardiola Romero.

Las fuerzas detrás de Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá son tan poderosas y temibles que incluso él les tiene miedo, a tal punto que no ha logrado ponerlos de acuerdo en sus intereses comerciales, porque está claro que quienes lo apoyaron no tienen ni interés social ni interés político. Peñalosa es un alcalde hipotecado, una figura decorativa que maneja bicicleta mientras fuerzas oscuras desde una clínica del norte de Bogotá y varias cárceles -como el pabellón de parapolíticos de La Picota-, hacen y deshacen en la alcaldía. El pobre de Enrique no sabía en qué se metía, o sí sabía, pero en su inmenso ego pensó que podía manejarlo, sin darse cuenta que terminaría en lo que es hoy: una marioneta de empresarios, parapolíticos y castas de la virreinal oligarquía bogotana, que se organizaron para recuperar el botín de Bogotá.

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Para empezar, el análisis respecto de porqué Peñalosa insiste en urbanizar la reserva Thomas Van Der Hammen es la clara muestra de las deudas contraídas  por quien se dice “el mejor urbanista del mundo”. En pleno impacto de los efectos del cambio climático, la única manera de entender que tozudamente Peñalosa insista en urbanizar una zona de protección ambiental tan importante, que además está protegida por la ley, solo se explica porque les debe mucho a los constructores que lo financiaron, y ahora necesita devolverles el favor. De hecho, una simple consulta a la página www.cnecuentasclaras.com nos indica que Peñalosa recibió dineros –por lo menos los reportados- de constructoras como Urbanizadora Santafé de Bogotá, que aportó 30 millones; Amarilo SAS, con un aporte de 40 millones; Constructora A&C, que aportó 20 millones; Hayuelos Colombia, que aportó 20 millones; y AFV Construcciones SAS, que aportó 5 millones, entre otras. Como si fuera poco, empresas dedicadas a promocionar y vender los proyectos de vivienda de las constructoras, como Donde Adquirir Vivienda SAS, aportaron sumas significativas, que para el caso de la citada asciende a 200 millones de pesos.

Suele pasar que nuestros políticos nunca reportan todos los recursos que reciben para sus campañas, razón suficiente para pensar que los constructores le aportaron a Peñalosa mucho más de lo que reportó, así que la deuda de Peñalosa con ellos no es solo de gratitud. Un alcalde que debe presentar un POT nuevo, y que además insiste en eliminar para urbanizar el pulmón más importe para una ciudad de Colombia como la Reserva Van Der Hammen, no solo está impedido ética y moralmente para actuar en esa materia, sino que incurre en evidentes conflictos de intereses al gobernar para los privados que lo llevaron al palacio de Liévano. Es, en la definición exacta de la palabra, una plutocracia. Ahora se entiende por qué hablaba de ser gerente, pues resulta evidente que la de Peñalosa no fue una campaña política sino una sociedad comercial en la que él está obligado a producirles utilidades a sus accionistas, en detrimento del aire y el agua que garantizarían la supervivencia de nuestros hijos.

En lo que respecta al metro, la cosa no es distinta. Peñalosa se ha hecho millonario vendiendo –pontificando, diría yo- por el mundo el sistema de transporte masivo basado en buses BRT, como Transmilenio, mercado que domina la sueca Volvo, representada en Colombia por Chaid Neme Hermanos, otro de sus aportantes con poco más de 47 millones. El hoy alcalde además aparece en muchos videos en los que es un vendedor de Volvo más. Esa es la razón por la cual a Peñalosa le importa poco tirar a la basura unos estudios que había para, por fin, construir el metro en Bogotá que costaron 130 mil millones de pesos: porque él vende buses de Transmilenio y porque los propietarios de la empresa recaudadora del sistema también lo apoyaron. Además de conflicto de intereses, en este caso Peñalosa incurre en detrimento patrimonial. Y no habrá metro con Peñalosa, no lo hará porque a un gerente no se le ocurriría construir la competencia para su negocio y el de sus socios, y porque el autodenominado “mejor urbanista del mundo” está convencido que Transmilenio hace lo mismo que un metro; en resumen, que desde hace 150 años el mundo está equivocado haciendo metros.

Pero el tema es aún más escabroso, pues no solo tiene deudas con constructores y vendedores de buses, sino que recibió apoyo de exfuncionarios públicos y excontratistas condenados por paramilitarismo y corrupción. Desde La Picota se organizó la nómina de entidades como el IDU, la Unidad de Malla Vial y la Secretaría de Planeación, donde acaban de ingresar funcionarios que fueron amos y reyes en los comienzos del Carrusel de la Contratación, quienes llegaron con computadores portátiles que nunca conectan a la red de las entidades y asesores externos para rehacer procesos tan importantes como las nuevas troncales de Transmilenio que ya estaban listas para licitarse. En el IDU, por ejemplo, hay identificados tres grupos de asesores externos –casi todos ellos sin vinculación laboral o contractual con la entidad- que fueron autorizados para conseguir información en distintas dependencias y que se mueven libremente por toda la entidad. Los funcionarios, intimidados algunos y complacientes otros, optaron por el silencio, aunque en los pasillos todos lo comentan, nadie los delata, como en la canción.

La situación en el Despacho mismo no es muy distinta. Peñalosa recibe las instrucciones de un grupo de asesores quienes, a su vez, cumplen órdenes de distintas fuentes. En la práctica, Peñalosa no gobierna ni toma las decisiones, situación que se repite en la Secretaría de Gobierno, sino que se encarga de los actos públicos y los pronunciamientos. El alcalde es solo una fachada. Peñalosa, como una casa en el viejo sistema UPAC, está hipotecado. Es un alcalde de mentiras, un jugador “de cartón” a quien incluso ya le recriminan airadamente por sus ocurrencias, como pasó el pasado viernes 19 de febrero, cuando un funcionario lo regañó en su propio despacho por sus contradicciones en el caso de la Van Der Hammen. “Alcalde, el número de hectáreas se parece mucho a nuestra inversión en su campaña; no lo olvide”, le dijo el asesor. Peñalosa enmudeció; él, que incluso ha inventado palabras, no pudo responderle.

 

Bogotá, Febrero 20 de 2016.

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. César Osorno López dice:

    Y…… este personaje fue el que tuvimos como candidato presidencial ???
    Este ciudadano ha sido apoyado por el grupo, del que se dice va a ser el próximo presidente ¿???, el Dr. Vargas Lleras ???

    El barranco parece muy profundo.!!!!.

  2. Partiendo de mi ignorancia manifiesta, yo me pregunto ¿si esto es cierto? que esperan otras instancias para entrar a investigar este tipo de situaciones que como bien lo plantea el documento, colocan al ahora Alcalde Enrique Peñalosa en una difícil situación ética y moral además de contradictoria. ¿Dónde queda la responsabilidad del Procurador? ¿dónde la del Personero de Bogotá? ¿Dónde las veedurias ciudadanas? entre otras? Supongo que es falta de interés o por que también tienen intereses en juego al no buscar investigar de oficio al Alcalde. Como en toda la política Colombiana los que menos corren vuelan y al final esto sigue siendo una cueva de ladrones y corruptos.

    1. Oinotna dice:

      Si fuera alguien de izquierda y que le esta quebrando uno a uno los negocios ahí si todas las entidades públicas van tras de el, y hacen de él, el peor personaje de la política colombiana ….

  3. Edgar Cárdenas dice:

    Más de lo mismo: corrupción, abandono, negocios por debajo de la mesa. Se estará fraguando otro cartel? o es el cartel que ha existido siempre y que las maquinarias no permiten acabar porque se les acaba el negocio… Creo al paso que vamos es que veremos al alcalde renunciar. El que venga no tendrá compromiso con nadie, así podrá gobernar y ayudar a Bogotà, sin que la maquinaria presione tanto.

  4. Nuestra historia parece no cambiar,nuestro instinto de colombiano tampoco, arrodillados como siempre y permisivos aun con una democracia, es por eso que el cambio esta en nosotros, en no dar nuestro voto por un pan sino a conciencia por opciones diferentes y nuevas

  5. josé carlos romero martinez dice:

    De que se extrañan. Peñaloza, lo dijo en su campaña, que cambiaría el POT, presentado por Petro. Pero la culpa la tienen los ciudadanos que se engañaron, atendiendo todo lo que difundieron los medios, para desacreditar la administración de la Bogotá más humana, no alcanzaron a comprender la filosofía de una sociedad más humana. Donde se principio un proceso de cerrar aunque fuera un poco la brecha de la gran desigualdad social de nuestra ciudad capital y del resto del país.

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