DEL ESTADO SOCIAL DE DERECHO AL ESTADO DE DERECHA

Pretenden hacernos creer que los derechos políticos no son derechos fundamentales. ¿Acaso no somos seres políticos? ¿no se supone que esos derechos son la base de la democracia?

Por: Alex Guardiola Romero
La exacerbación del odio hacia la izquierda en América Latina no es nueva. Se asimila a la izquierda con nociones de mendicidad, pereza, totalitarismo y desgobierno, pero esas son sólo invenciones en el marco de la aplicación de la “Teoría del Golpe Blando”, enunciada por Gene Sharp y aplicada juiciosamente como instrumento de relaciones exteriores en América Latina y el “Tercer Mundo” en general. La razón por la cual dichas ideas falsas sobre la izquierda tienen tanta acogida, no es otra que la escasa cultura política de nuestro continente y el surgimiento de figuras populistas de ultra derecha, como los casos Fujimori y Uribe Vélez; somos analfabetas políticos y lo peor es que nos jactamos de serlo cuando renunciamos a crecer en ese aspecto; creyendo que somos evolucionados y democráticos nos negamos a asimilar nuevos conceptos, aunque tengamos resultados que demuestran lo contrario frente a nuestras narices.

Fotografía tomada de http://elsalmonurbano.blogspot.com

Si a todo lo anterior le sumamos una izquierda dogmática, dividida y ególatra, tenemos el cóctel perfecto para que se den casos como la evidente persecución al proyecto Bogotá Humana. En una sociedad altamente esnobista, no es extraño toparse con una persona de escasos ingresos que denigra de Gustavo Petro mientras compra víveres con los dineros que se ahorró en el pago de la factura de agua gracias al establecimiento del “mínimo vital” por parte del alcalde elegido por votación popular. Es decir, aunque su realidad haya mejorado como consecuencia de las medidas de proyectos de izquierda, a muchos ciudadanos les sigue pareciendo que eso está mal simplemente porque lo dice un descendiente -“Delfín”, los llaman aquí- de alguien que se viste como él algún día quisiera vestirse, y vive donde él quisiera algún día vivir. Está mal porque lo dice uno de apellido ilustre, no porque me esté beneficiando. No importa que sea su derecho, entre tanto lo cuestione un heredero de rancio abolengo.

Este prototipo de ciudadano adormilado y conforme está cambiando, por fortuna. La de hoy en Colombia es una ciudadanía que se redefine poco a poco, en la que se evalúan las políticas públicas por sus resultados en el entorno inmediato y no por los comentarios sesgados y poco profundos de medios de comunicación avenidos en aparatos de propaganda al estilo de Goebbels, ministro de propaganda Nazi. Las nuevas ciudadanías, precisamente por lo incluyentes y diversas, son abiertas a la crítica profunda y no a las frases repetidas; ya no tragamos entero, entiendo que la democracia es un plato que nos alimenta sólo si lo deglutimos apreciando sus sabores. Pero es necesario pasar de la indignación a la acción, de las redes sociales a las calles, de las posturas ideológicas a las prácticas diarias.

Hay que “de-construir” los mitos que primero nos alejaron de la política y luego nos acercaron a la derecha que supuestamente responde de manera más práctica a la naturaleza humana. ¿Ser de derecha es la naturaleza del ser humano? No, definitivamente la derecha es una construcción desde el individualismo inculcado a los hombres y mujeres, en aplicación al principio de segregación como antídoto al efecto manada. Es decir, es más fácil manipular a un solo hombre o mujer, que a un conjunto de ellos, por eso fue necesario primero individualizarnos y segregarnos de nuestra manada original. A la usanza de los lobos, que aíslan a sus víctimas del resto de la manada para poder cazarla con facilidad, nos hicieron islas para colonizarnos más fácilmente. Solos estamos a merced de los lobos, y lo peor que aún no lo notamos, razón por la cual seguimos siendo ovejas solitarias sin siquiera un pastorcito mentiroso que nos cuide.

Lo más preocupante de todo radica en que las conquistas que por años logramos, se vienen socavando con medidas y decisiones arbitrarias que sin embargo pretenden revestir de legalidad. La última de ellas, por ejemplo, es pretender hacernos creer que los derechos políticos no son derechos fundamentales. ¿Acaso no somos seres políticos? ¿no se supone que esos derechos son la base de la democracia? Quedamos reducidos a vivir, simplemente, porque nos quitan la autonomía y derecho a decidir, a construir democracia. Espero, eso sí, que alguien le refute la absurda tesis esgrimida para destituir a Gustavo Petro por Juan Manual Santos y el Consejo de Estado, avalando la posición ilícita del Procurador, en el sentido de que nuestros derechos políticos no son derechos fundamentales, con la cual pasamos de un Estado Social de Derecho a un Estado de Derecha, medieval, atrabiliario y supremo al mejor estilo de la inquisición.

O salimos a las calles y cambiamos nuestra cotidianidad como acto de humanidad, o sucumbimos ante las oscuras intenciones de una ultraderecha para quienes somos ganado listo para el sacrificio. No creas tonterías, para ellos tú no eres importante.

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marzo 25, 2014. Etiquetas: , , , , , , , . Uncategorized.

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