MATRIMONIO HOMOSEXUAL EN COLOMBIA: UN CONTRATO INCÓMODO EN UN ESTADO CONFESIONAL

Que la discusión sobre el matrimonio homosexual –o matrimonio igualitario- se circunscriba a si lo permite o no lo permite Dios, demuestra que seguimos siendo un Estado confesional, donde por encima de los derechos se sitúa la camándula empuñada por quienes se dicen guardianes de la moral y las buenas costumbres, aún cuando su vida no sea, precisamente, un ejemplo de virtudes.

 Basta recordar la historia, o simplemente ver las páginas de los periódicos, para darse cuenta que en nombre de Dios –llámese Alá, Buda, Javhé, o como quiera llamarse- se han cometido los peores crímenes de la humanidad, razón suficiente para dudar de quienes se presentan como los enviados del supremo para liderar otra cruzada, esta vez contra lo que ellos llaman “la aberración del matrimonio homosexual”. Sorprende la rápida condena a la unión de personas del mismo sexo, así como la casi nula mención –e incluso la negación- de los vejámenes cometidos por los sacerdotes, pastores y demás líderes religiosos, demostrando que las religiones de ayer y hoy operan con estructuras muy parecidas a las mafias, incluidas prácticas de amnesia selectiva.

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Y es que hablar de matrimonio encierra un significado superior a concepciones religiosas, pues esa unión es en esencia invención humana instituida como control social, necesaria para la estructuración de la sociedad. Pensar el matrimonio sólo como sacramento es desconocer las utilidades sociológicas y legales de ese tipo de uniones, más allá de considerarla un pre-requisito para la procreación simple y animal que nos impone la interpretación que los líderes religiosos hacen –siempre a su acomodo- de las escrituras.

Ahora bien, el matrimonio deriva en obligaciones de auxilio mutuo, de colaboración recíproca, y en cuanto es el origen de una familia, se espera que sea ejemplo de convivencia. El matrimonio es un contrato que más allá de solemnidades lo que persigue es nuclear a la sociedad desde un nivel de organización mínimo llamado familia, que evidentemente ha fallado tal y como fue concebido hasta ahora. Han sido matrimonios heterosexuales los que han originado asesinos en serie, pedófilos, descuartizadores y hasta pastores violadores. Por eso, pensar que la unión de personas del mismo sexo traerá como consecuencia la descomposición social, es lavarse las manos frente a las responsabilidades que nos caben en la actual debacle social. El mundo, sin que hubieran existido los matrimonios homosexuales, es ya un desastre.

Argumentar que una familia no puede originarse a partir de una unión homosexual, es otorgar a ésta una definición religiosa que realmente no la tiene. En cambio, sin elucubraciones dogmáticas de por medio, se puede afirmar que una familia es la “unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia común, que se quiere duradero y estable, en el que se generan “fuertes” sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus miembros y se establecen “intensas” relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia[1]. Por ello, negar a personas homosexuales la oportunidad de compartir un proyecto vital de existencia común, sólo basados en consideraciones religiosas, es un retroceso social rayano en el fanatismo.

El concepto y estructura de familia ha mutado constantemente en la historia, por lo que no es descabellado pensar que estamos asistiendo al nacimiento de la familia homoparental, en la que la reproducción como base fundamental de la misma es reinventada por los avances científicos, los cambios sociales y la realidad derivada de la violencia, esta última de influencia muy importante en Colombia en las últimas cinco décadas. Hay quienes, incluso, conciben a la familia en un constante cambio, a tal punto de afirmar que “la familia normal, desde un punto de vista histórico, no existe”[2].

¿Qué el matrimonio homosexual contradice la naturaleza humana? Vale preguntarse si contradecir la naturaleza humana no es instituir el celibato entre los sacerdotes católicos, origen de miles de episodios de pedofilia y homosexualismo en el seno de la Iglesia, desconociendo que los humanos somos criaturas sexuadas, incluidos los curas.

A todas estas, lo realmente preocupante es que instituciones creadas para defender los derechos de los ciudadanos, sin importar su condición sexual, sea la que se convierta en adalid de la segregación y la persecución por razones religiosas y de condición sexual. Que la Procuraduría General de la Nación abandere la discriminación no hace sino demostrar que seguimos en un Estado confesional camino del fanatismo, al mejor estilo del franquismo español.


[1] Arés, P.; “Psicología de Familia. Una aproximación a su estudio”; Ed. Félix Varela, La Habana, 2002

[2] Rodríguez, E.; “La Familia, definición y tipos”; http://www.salesianos-sevilla.com

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noviembre 10, 2013. Etiquetas: , , , , . Uncategorized.

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