DIATRIBA PARA PACHITO SANTOS

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La pregunta sobre si nos imaginábamos un país gobernado por Pachito Santos, ha generado una ola de angustia colectiva sólo comparable a un episodio de posesión demoníaca.

 Por: Alex Guardiola Romero

          No soy un hombre de odios, pero debo confesar que odio a Pachito Santos desde que lo conocí (por los medios de comunicación, afortunadamente). Para entonces él era un niño rico bogotano que había convertido el secuestro en moda, en tema del que jactarse en el Gun Club o en El Nogal; había convertido su condición de víctima del conflicto en motivo de orgullo y explotación, como muchos en la sociedad de la época, en la que quien no había sido secuestrado no existía. Estaba de moda declararse secuestrable, como si eso fuera un doctorado en la absurda cotidianidad de este país.

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           Y digo que lo odio porque me sobran razones, tratándose de un tipo que ni siquiera ha tenido la valentía de asumir su sexualidad, una demostración de cobardía propia de su talante, y que corre a esconderse en las enaguas de los paramilitares o de Álvaro Uribe (si es que no es la misma enagua) y de sus bloques de terror. El Pachito de corta inteligencia y electrizantes propuestas, sólo es una pésima y poco agraciada imitación de Homero Simpson, que prefiere tener en Venezuela a un vecino como Flanders a quien matonear, y ver a los estudiantes rebajados a su mismo ínfimo nivel intelectual a punta de electrochoques, porque cualquiera es más inteligente que Pachito. Esa propuesta, por cierto, denota que además es un envidioso.

          Por eso, la pregunta con tintes melodramáticos de Juan Manuel Santos en el sentido de que si nos imaginábamos un país gobernado por Pachito, me mantiene insomne y sobresaltado, porque amo a mi hija y lo peor que puede sucederle a su futuro es que vencejos de la talla –nótese la ironía- de Pachito, Óscar Iván o cualquier otra hierba ultrauribista del pantano, llegue a gobernarnos. Si hay algo peor que Uribe son sus imitadores, y si hay algo peor que un Santos como Juan Manuel, es un Santos como Pachito.

          Y es que Pachito, tipo diminutivo no sólo en su apodo sino en sus ideas de gobierno, despierta risas incluso entre la caterva uribista, ni qué decir entre la rancia oligarquía bogotana, que sólo lo ve como un exponente de la generación perdida de hijos de papi que desatornilló su cerebro mientras el país terminaba de derrumbarse. Juan Manuel, el presidente, el otro Santos, lanzó su pregunta con la evidente habilidad del jugador de póquer a punto de perder su apuesta, en un afán electoral sustanciado por J.J. Rendón, quien indiscutiblemente no imaginó el desasosiego que nos generaría a quienes ya estamos al borde de un episodio psiquiátrico como consecuencia de saber que hay un país que extraña a Uribe. ¿No es de locos extrañar al expresidente y su pandilla de refundadores de la patria?

            Hace pocos días, no sé si en una demostración de su perverso sentido del humor o con curiosidad investigativa, mi viejo amigo Jorge Mario Erazo reeditó en redes sociales la pregunta del presidente-candidato, y en medio del intercambio de ideas llegó a una brillante conclusión: “Pelea de primos que todos sufriremos”, dijo Jorge. En el fondo, todos sabemos que ya la estamos sufriendo. Pero insisto: a mi Pachito me resulta insufrible.

 

Bogotá, Agosto 03 de 2013

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. A mí también me resultan insufribles este psicópata y la caterva de vencejos ultrauribistas.

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