Regionalizar para globalizar

REGIONALIZAR PARA GLOBALIZAR

UNA VIA PARA EL DESARROLLO DESDE LAS REGIONES

 Orlando Fals Borda visionó una salida para insertar a Colombia en la economía internacional y generar un bien entendido desarrollo humano desde un nuevo modelo territorial, lejos de la filosofía “desarrollista”.

ALEX GUARDIOLA ROMERO

La mejor manera que tiene Colombia para insertarse exitosamente en un modelo económico en el que la globalización sea el trampolín para el desarrollo, es regionalizarse. Esta discusión no es nueva, pues aunque la misma Constitución Política de Colombia lo plantee y el sociólogo Orlando Fals Borda lo haya sustentado en las dos últimas décadas, es de los temas más desgastados en foros, debates y hasta en el Congreso, sin que hasta ahora se pueda superar el Estado centralizado, unitario y omnímodo. No es, ni mucho menos, un problema de estar a la moda, sino una necesidad latente en un país de regiones naturales bien definidas, con características socio-culturales disímiles y con particularidades que potenciar para el comercio internacional y el desarrollo humano. No se trata de firmas de acuerdos de libre comercio, sino de la utilización inteligente de la economía de mercados para reducir la pobreza, aumentar el ingreso y mejorar ostensiblemente el nivel educativo, todo partiendo de las fortalezas regionales.

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La regionalización es, de hecho, una realidad en Colombia; el mismo Orlando Fals Borda lo menciona cuando señala acertadamente que “De manera sorprendente y con la creatividad popular, las regiones y provincias se han venido construyendo en nuestro país, contra viento y marea”[1]. Lejos de una atomización, la regionalización busca hacer más efectivo, funcional y práctico el Estado, aunque en Colombia esa noción no ha sido suficientemente entendida. De Vergottini sitúa a la regionalización como un término medio entre el Estado unitario y federal, “El Estado regional reconoce un tratamiento diferenciado a ciertos ámbitos territoriales con rasgos históricos, tradiciones y cultura diversa; y al resto del territorio un funcionamiento unitario”[2]. Y es que el auge de los Estados regionales en la última mitad del siglo XX y comienzos del XXI es apenas una consecuencia lógica de la globalización; el teórico de la federalización Daniel J. Elazar, se refirió al tema anotando que el Estado moderno –más cerca de las federaciones y regiones- está en “principio más adaptado a las necesidades que plantean la diversidad y complejidad del mundo contemporáneo”[3]. El modelo de Estado decimonónico de la Francia Napoleónica perdió vigencia, pues se puede nuclear a partir de intereses comunes y construir una Unidad Nacional diferente, resaltando las autonomías regionales como impulsor del desarrollo.

 

            Regionalizar de ninguna manera significará divisionismo, por el contrario, reafirmará las potencialidades culturales de los habitantes de cada región, como lo han demostrado los departamentos del sur-occidente del país. Casos como el de España, en el que la Constitución regionalista de 1931 desató la Guerra Civil auspiciada por quienes tenían intereses creados para no cambiar las cosas, ya son un pasado lejano, y la realidad actual es que ese país ha sido fuerte desde la base de sus Comunidades Autonómicas. Con la Regionalización al Estado central le seguirá asistiendo el poder en el ámbito de la competencia general y el derecho común, pero los mecanismos de autogobierno de los entes territoriales permitirá enfocar la producción, el desarrollo y el crecimiento en sectores específicos que desde Bogotá permanecen ocultos por desconocimiento o conveniencia.

 

En Colombia, los pequeños avances que sobre descentralización se han logrado bajo el auspicio de la Constitución de 1991, dan muestra de que antes que dividir la regionalización une. Más allá de los varios brotes de corrupción surgidos en departamentos periféricos, el modelo es vigente y necesario, pues la imitación de la corrupción centralista no es suficientes escollo para evitar un proceso natural e irreversible. Fals Borda responde a esta crítica contundentemente, “La experiencia práctica de estos años enseña que las disposiciones constitucionales sobre el territorio no llevan al desbarajuste del país, que no hay motivos aceptables para pensar que originen ninguna guerra regional”[4].

 

La misma Constitución de 1991 se quedó corta en el desarrollo del concepto de autonomía, pues si bien señala la posibilidad de conformar regiones entre dos o más departamentos, no hay herramientas jurídicas reales para ir más allá de la asociación con fines de planeación y descentralización administrativa. La misma Corte Constitucional ha resaltado en múltiples ocasiones la prevalencia del criterio de unidad nacional amparado en la uniformidad legislativa, ya que la Constitución Política no señala con claridad las funciones que entrarían a ser competencia de las regiones en virtud de una nueva organización territorial. Ni siquiera se ha desarrollado la Ley de Ordenamiento Territorial  basada en el artículo 307 de la Constitución, pues el tema carece de defensores.  

 

El caso Costa Atlántica es bien particular. Hay diferencias culturales, étnicas y sociales con la región andina –o el Virreinato de Santafé de Bogotá, si se quiere-, así como un conjunto de ventajas estratégicas para insertarse en un modelo económico que privilegia los puertos. No obstante la organización industrial centralista Cepalina, hay tres puertos magníficos desde los cuales jalonar un desarrollo económico sostenible, amén de las riquezas turísticas, medioambientales y mineras de la región. El legado del CORPES ha sido desperdiciado por una clase dirigente especialista en hacer lobby ante el gobierno central y con miedo de reclamar autonomía. Salvo pequeñas escaramuzas en 2007 por el tema presupuestal, ya hoy los Gobernadores y Alcaldes de la región no mencionan el tema de la autonomía, temerosos de los dedos acusadores que desde Bogotá señalan –y con razón- la corrupción de una clase dirigente sin norte.

 

El legado de Fals Borda corre el riesgo de perderse, pues el tema de la Regionalización pasó a un segundo plano con la Seguridad Democrática y sus anexos, extraña situación pues desde las expresiones delincuenciales como el paramilitarismo sí que han hecho regionalización para discriminar a la Costa y fortalecer un discurso Bonapartista por lo autoritario.


[1] Fals Borda, Orlando. Críticas a la Regionalización. Tomado de www.banderasnegras.8m.com/documentos/criticas. Recuperado el 28 de Octubre de 2008.

[2] Giuseppe de Vergottini, Derecho constitucional comparado, Espasa-Calpe, Madrid, 1983, pp. 265-275.

[3] Daniel J. Elazar, Federal Systems of the World: A Handbook of Federal, Confederal and Autonomy Arrangements, Longman, Londres, 1991, p. 4.

[4] Fals Borda, Orlando. Críticas a la Regionalización. Tomado de www.banderasnegras.8m.com/documentos/criticas. Recuperado el 28 de Octubre de 2008

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enero 21, 2009. Reflexiones Colombia y Latinoamérica.

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