LA SOLEDAD QUE MATÓ A GABO

¡Qué solo debió sentirse viviendo en un mundo sin recuerdos!

Nadie odió más a Gabo que muchos de sus propios compatriotas.

 Por: Alex Guardiola Romero

         Varios meses antes de su muerte, Gabriel García Márquez comenzó a padecer la peste del olvido. Mercedes, su mujer, se vio obligada entonces a gritarle al oído la breve biografía de quien lo saludaba efusivamente, o a recordarle que la joven que cruzaba el jardín de su casa en México no era Remedios La Bella sino una de las asistentes encargada de tener toda la casa en orden. El seis de marzo, el día que cumplió 87 años, salió a la calle justo frente a la entrada principal de su casa a recibir una serenata improvisada por amigos que le cantaron “Las Mañanitas” para agasajarlo; se le vio sonriente pero perdido, como si viviera en un mundo alterno, y al notarlo con tan pocas palabras algunos temieron que hubiera olvidado también el maravilloso don de conversador que lo graduó de parrandero y charlatán dicharachero en La Cueva. Esa fue la última vez que se le vio en público, pues unas tres semanas después sobrevino la internación en el hospital de Ciudad de México de dónde salió a su casa tras pocos días de cuidado a esperar apacible la muerte.

https://i0.wp.com/www.periodicoenfoque.com.mx/wp-content/uploads/2012/07/garcia-marquez.jpg

Foto tomada de http://www.periodicoenfoque.com.mx

           García Márquez, igual que Úrsula Iguarán, murió un jueves santo. Según el parte oficial fue una insuficiencia renal la que terminó con la vida del escritor tras una serie de complicaciones muy graves por su edad y por su estado. Pero yo sospecho que Gabo murió de soledad; ¡qué solo debió sentirse viviendo en un mundo sin recuerdos!, o con historias re-creadas sin mucho tino. Quizás olvidar las cosas y a las personas fue más duro para él que irse del país ante la persecución absurda que incluso con su muerte no concluyó. La infamia que comenzó con la pregunta qué ha hecho García Márquez por Colombia, tuvo su colofón con un mensaje de una congresista cuyo nombre no merece ser mencionado, quien lo envió al infierno sólo por la posición política de Gabo cercana a la izquierda democrática de América Latina y su íntima amistad con Fidel Castro. Ese es el país de la doble moral, el país en el que un sector odió no tan en secreto a García Márquez y tras su muerte sale a rasgarse las vestiduras en perfecto oportunismo, o a regodearse en su ignorancia evidenciando su propia limitación humana. Nadie odió más a Gabo que muchos de sus propios compatriotas.

         Una cosa es el escritor y otra el político. En mi opinión, Álvaro Cepeda Samudio era mejor escritor que García Márquez; no obstante, es apenas obvio entender que eran distintos, pues mientras el primero era de una literatura más experimental, Gabo siempre se casó con la narrativa casi líquida propia del vallenato y la juglaría. Sus obras están escritas a partir de recuerdos, la mayoría de ellos mediados por la febril imaginación infantil, lo cual obliga al autor a seducir al lector para no perderlo en el intento. La suya es una literatura de nostalgias, evidente en los textos paridos en París o en Barcelona, donde el Caribe remoto es el verdadero protagonista. ¿De qué otra forma se puede explicar que una novia deje una estela de sangre en la nieve de una Europa lejana? Quizás por eso García Márquez insistió en que él nunca se había ido del Caribe, que otra cosa era que viviera en otra parte, porque uno es lo que recuerda. Gabo, su literatura y nosotros mismos, somos lo que extrañamos. Estamos construidos de nostalgias.

            Los vallenatos que son -¿eran?- un cuento cantado, así como la obra de García Márquez, parece que persiguieran como único fin inmortalizar las cosas mágicas de una cotidianidad a la que nos acostumbramos quienes crecemos viendo y viviendo un día a día de ensueño. Cien Años de Soledad, por ejemplo, busca otorgarle cierto grado de verosimilitud a una atmósfera que a muchos les resulta mágica y a nosotros solo cotidiana; nada de raro tiene una anciana de edad indefinible a la que se le calcula más de 122 años, o una masacre que pese a las irrefutables evidencias de manera oficial nunca existió, al fin y al cabo vivimos en un país en el que los muertos –con dolorosa frecuencia también los vivos- desaparecen y los ancianos se eternizan.

            Pero García Márquez resultó condenado a su propio olvido. La soledad de la peste del olvido lo mató sin darle oportunidad de anotar en papelitos el nombre de las cosas y su uso; una especie de amnesia asesina a la cual parecía estar predestinado y que convirtió en personaje en sus obras como una manera de exorcizarla, sin éxito. Lo que aún no sabemos es si alcanzó a fabricar pececitos de oro. Estará viajando en un avión de estaño en medio de un bosque de higuerones, como Santiago Nassar, o en el infierno al que lo envió la congresista, quién sabe. Lo único cierto es que a partir de ahora muchos lo verán deambulando por la calles polvorientas de los pueblos del Macondo universal, cargando artilugios mágicos y ofreciendo bebedizos para curar la peste del olvido.

         Desde el jueves santo, Gabo es un gitano errante, porque la muerte no es más que seguir caminando hacia donde no sabemos.

 Bogotá, Abril 19 de 2014.

 

Anuncios

abril 19, 2014. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. 3 comentarios.

EL PAISAJE PERDIDO DEL FOLCLOR VALLENATO

En lo alto de la montaña sólo hay silencio el viento es fresco,
y cuando hay tiempo de lluvia las nubes besan la punta ‘el cerro;
rumores de melodía sólo se escuchan de ese romance
limpio como es la nevada brillante como la luz del día”
.

Así Fue Mi Querer, Gustavo Gutiérrez.

Por: Alex Guardiola Romero

Hace tiempo le escuché decir al maestro Juan Gossaín, que el vallenato era el exponente de una estética simple y por eso bella: la estética del campesino de la Costa Atlántica colombiana. No obstante, y dada la creciente migración a las grandes ciudades, el vallenato terminó por “urbanizarse”, razón por la cual desde finales de los años 80 las composiciones dejaron de hacer referencia a paisajes y amaneceres. Como quiera que la discusión respecto de lo que debe o no considerarse vallenato clásico aún está abierta, y como en este escrito no soy una voz autorizada para señalarlo, sólo puedo decir al respecto que la presencia del paisaje en el folclor vallenato es ya un recuerdo. De hecho, aquellas letras nostálgicas que acompañan la perenne parranda que es nuestra vida, tienen el poder de ubicarnos en sitios que aún no conocemos, pero que evocamos con ardor, como las sabanas que sonríen cuando Matilde camina. Pero ya todo es pasado, las de hoy son composiciones de cemento, de tráfico despelotado y contaminación incluso del alma.

 

Image

Tomada de viajesudamerica2010.blogspot.com

Comparar con el paisaje un sentimiento tan complejo como el amor, y además hacerlo en una metáfora perfecta, es de genios. Por supuesto que Gustavo Gutiérrez lo es, como se evidencia en “Así Fue Mi Querer”. El amor y el paisaje en perfecto matrimonio, uno de los sellos característicos de tiempos idos en el vallenato, ha dado paso a la comparación obvia y hasta ofensiva. La vida cambió, las circunstancias que rodean a un compositor también. Es apenas lógico que ya no bramen los terneros en los corrales -como lo dice Dagoberto López en “Costumbres Perdidas”- cuando la mayoría no sale de la “Jungla de Cemento”, mucho menos sabrán con certeza de qué hablaba Carlos Huertas cuando describe que “…el rumor del ranchería / es más dulce y sabe a fiesta…”. Para infortunio de todos, y aunque soy joven y no reniego de las nuevas canciones vallenatas, las composiciones de hoy son limitadas desde lo estético; todas parecen decir lo mismo, carecen de imaginación.

Algo va de “La Difunta” a “Lluvia de Verano”, porque no es lo mismo referirse a una mujer a la que se amó con locura, diciendo que Que tristeza, que hartera, pero que vaina barroo / Decirle al que me pregunte por ella que ya falleció…” que citar a Hernando Marín y comentar que la dama en cuestión fue en nuestra vida “como lluvia de verano”. Por referirme a otro caso en el que se enaltece la belleza de la mujer relacionándola con el paisaje, me remito al gran Roberto Calderón, quien dice a propósito de las costumbres de su querido San Juan del Cesar, que las hembras -nótese que no hay asomo de sexismo en la expresión- deben ser sinceras y tener buena voluntad, además de cualidades y sentir la “…pasión pura como las aguas que lleva el río Cesar…”.

Quizás “Mi Novia y Mi Pueblo” sintetiza con mayor precisión nuestra referencia a paisajes íntimamente ligados al amor, con metáforas increíbles logradas por Octavio Daza Daza, como “el mismo cerro lleno de tristeza… o como la descripción que hace de las aguas que bajan de la Sierra de las que dice “Vienen Descalzas Y No Van Sufriendo / Porque Van Alegres Para La Tierra Mía…. Es inevitable escuchar estas canciones, compararlas con “La Gringa” y aceptar con desilusión que la calidad, y no hablo solo de las letras, ha bajado a niveles de vergüenza. Este fenómeno no es exclusivo del vallenato, sino una pandemia que se explica únicamente desde el absurdo de la comercialización sobreactuada de la industria musical, en la que la producción excesiva y la construcción de ídolos con pies de barro dio al traste con la calidad. Maldito el infausto momento en el que la música dejó de ser un arte para convertirse en un negocio.

Sigo, como nostálgico empedernido que soy, añorando aquellos viejos compositores, pero valoro los esfuerzos por no perder el norte, así sea solo en las letras. En este sentido, es bueno destacar “La Tierra del Olvido”, una muestra de que también Carlos Vives e Iván Benavides extrañan el vallenato ido, las letras de calidad fugadas en estampida provocada por banqueros aparecidos como productores musicales. Sigo, igualmente y por enésima vez, enamorándome y utilizando sin ruborizarme la hermosa frase que nos legó el gran Calixto Ochoa: “…desde el día en que te vi / brillaban tus pupilas como chispitas de oro / como gotas de sereno en noche de luna clara…”. Créanme, sigue funcionando.

Bogotá, Abril 07 de 2014

abril 10, 2014. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

MATRIMONIO HOMOSEXUAL EN COLOMBIA: UN CONTRATO INCÓMODO EN UN ESTADO CONFESIONAL

Que la discusión sobre el matrimonio homosexual –o matrimonio igualitario- se circunscriba a si lo permite o no lo permite Dios, demuestra que seguimos siendo un Estado confesional, donde por encima de los derechos se sitúa la camándula empuñada por quienes se dicen guardianes de la moral y las buenas costumbres, aún cuando su vida no sea, precisamente, un ejemplo de virtudes.

 Basta recordar la historia, o simplemente ver las páginas de los periódicos, para darse cuenta que en nombre de Dios –llámese Alá, Buda, Javhé, o como quiera llamarse- se han cometido los peores crímenes de la humanidad, razón suficiente para dudar de quienes se presentan como los enviados del supremo para liderar otra cruzada, esta vez contra lo que ellos llaman “la aberración del matrimonio homosexual”. Sorprende la rápida condena a la unión de personas del mismo sexo, así como la casi nula mención –e incluso la negación- de los vejámenes cometidos por los sacerdotes, pastores y demás líderes religiosos, demostrando que las religiones de ayer y hoy operan con estructuras muy parecidas a las mafias, incluidas prácticas de amnesia selectiva.

Image

Y es que hablar de matrimonio encierra un significado superior a concepciones religiosas, pues esa unión es en esencia invención humana instituida como control social, necesaria para la estructuración de la sociedad. Pensar el matrimonio sólo como sacramento es desconocer las utilidades sociológicas y legales de ese tipo de uniones, más allá de considerarla un pre-requisito para la procreación simple y animal que nos impone la interpretación que los líderes religiosos hacen –siempre a su acomodo- de las escrituras.

Ahora bien, el matrimonio deriva en obligaciones de auxilio mutuo, de colaboración recíproca, y en cuanto es el origen de una familia, se espera que sea ejemplo de convivencia. El matrimonio es un contrato que más allá de solemnidades lo que persigue es nuclear a la sociedad desde un nivel de organización mínimo llamado familia, que evidentemente ha fallado tal y como fue concebido hasta ahora. Han sido matrimonios heterosexuales los que han originado asesinos en serie, pedófilos, descuartizadores y hasta pastores violadores. Por eso, pensar que la unión de personas del mismo sexo traerá como consecuencia la descomposición social, es lavarse las manos frente a las responsabilidades que nos caben en la actual debacle social. El mundo, sin que hubieran existido los matrimonios homosexuales, es ya un desastre.

Argumentar que una familia no puede originarse a partir de una unión homosexual, es otorgar a ésta una definición religiosa que realmente no la tiene. En cambio, sin elucubraciones dogmáticas de por medio, se puede afirmar que una familia es la “unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia común, que se quiere duradero y estable, en el que se generan “fuertes” sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus miembros y se establecen “intensas” relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia[1]. Por ello, negar a personas homosexuales la oportunidad de compartir un proyecto vital de existencia común, sólo basados en consideraciones religiosas, es un retroceso social rayano en el fanatismo.

El concepto y estructura de familia ha mutado constantemente en la historia, por lo que no es descabellado pensar que estamos asistiendo al nacimiento de la familia homoparental, en la que la reproducción como base fundamental de la misma es reinventada por los avances científicos, los cambios sociales y la realidad derivada de la violencia, esta última de influencia muy importante en Colombia en las últimas cinco décadas. Hay quienes, incluso, conciben a la familia en un constante cambio, a tal punto de afirmar que “la familia normal, desde un punto de vista histórico, no existe”[2].

¿Qué el matrimonio homosexual contradice la naturaleza humana? Vale preguntarse si contradecir la naturaleza humana no es instituir el celibato entre los sacerdotes católicos, origen de miles de episodios de pedofilia y homosexualismo en el seno de la Iglesia, desconociendo que los humanos somos criaturas sexuadas, incluidos los curas.

A todas estas, lo realmente preocupante es que instituciones creadas para defender los derechos de los ciudadanos, sin importar su condición sexual, sea la que se convierta en adalid de la segregación y la persecución por razones religiosas y de condición sexual. Que la Procuraduría General de la Nación abandere la discriminación no hace sino demostrar que seguimos en un Estado confesional camino del fanatismo, al mejor estilo del franquismo español.


[1] Arés, P.; “Psicología de Familia. Una aproximación a su estudio”; Ed. Félix Varela, La Habana, 2002

[2] Rodríguez, E.; “La Familia, definición y tipos”; http://www.salesianos-sevilla.com

noviembre 10, 2013. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

NAZIS CRIOLLOS O LA CARCAJADA DE LA HISTORIA

El preocupante efecto imitación que promueve el nazismo entre los jóvenes colombianos, es síntoma de una sociedad en crisis. Los nazis de antaño, por su parte, han infiltrado al Estado.

 Por: Alex Guardiola Romero

Las modas, en sí mismas, son absurdas; pero la moda de ser nazi es además mortal. Desde siempre, las tendencias ideológicas de extrema derecha han ejercido una atracción fatal para los jóvenes en sociedades decadentes o implotadas, en las que la familia es una cadena de eslabones rotos y los gurúes de las soluciones finales fungen de adalides de la moral y la decencia, figuras mesiánicas que los jóvenes asimilan a padres que en su vida real están ausentes. Por eso preocupa tanto el auge de los grupos neo-nazis, fascistas o de cualquier línea de la extrema derecha en Colombia, con niveles de infarto en Bogotá o el departamento de Santander, entre otros, y que además admiran a personajes enquistados en el Estado y el gobierno, bien sea como generales retirados, procuradores o jerarcas de la iglesia.

Image

Foto cortesía de http://www.elquepiensagana.wordpress.com

Ser nazi está de moda en algunos círculos de la sociedad colombiana. Es una condición que sienten sus seguidores les da estatus, poder económico y les granjea el respeto de los demás. Dentro de sus hilos comunes, estos grupos tienen entre sus integrantes a jóvenes de clase media con ínfulas de ricos, con ausencia o presencia excesiva de la figura paterna, por lo general un pequeño empresario demasiado ocupado para su familia, o un gran empresario que les inculcó que los demás somos sus esclavos serviles, adicionado a madres profundamente religiosas con vidas privadas disolutas y generalmente maltratadas. Pero ¿qué estatus social puede dar defender matanzas colectivas, exterminios en nombre de la pureza racial y posiciones intelectuales llenas de lugares comunes y ausencia de análisis?

Lo más curioso es que haya descendientes de indígenas o negros defendiendo la raza aria y su “pureza”, por eso no es raro encontrar cabezas rapadas saludando al estilo del Tercer Reich, apellidados Chivatá y tratando de ocultar el indígena que corre por sus venas. Paradojas de la vida: ellos mismos serían las primeras víctimas del führer, pero lo idolatran en una sociedad mestiza hasta los tuétanos, muestra fehaciente de falta de conocimiento de sí mismos, de muchachos que sitúan su origen en un idílico paraíso nórdico distante de los palenques con acento bantú que pueblan nuestra verdadera historia. En conclusión, y aunque parezca un chiste, hay nazis criollos. ¡Cosas de la moda!

Parte de la moda está dictada por un grupúsculo de pseudo intelectuales que se dicen la conciencia moral del movimiento, promocionando su “conocimiento” a través de páginas de Internet panfletarias y plagadas de errores ortográficos e imprecisiones históricas. Y es que si de algo sabe el nazismo es de propaganda, bien sea con quema de libros o con sobre exposición mediática de posiciones antidiversidad, ambas practicadas por el monseñor de marras, y que ya han tomado giros violentos que deben ser atendidos por la justicia.

Promueven el nazismo como una llave para ingresar a una élite que todos sabemos está carcomida por dentro, una extraña mezcla entre nacionalsocialismo, fascismo y catolicismo medieval, cuya moral privada pasa por orgías de sangre y sexo pedófilo, con una fachada de prohombres asimilables al mismísimo Dios que han llegado a vivir entre nosotros –pútridos mortales- para salvarnos de nosotros mismos.

Lo que no saben estos nazis criollos es que son la carcajada de la historia. Apenas una caricatura.

 

Bogotá, Mayo 19 de 2013.

mayo 19, 2013. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. 1 comentario.

ODA AL SEXO RECREATIVO

De cuando proscribimos el sexo para enaltecer la violencia, y de cuando abandonamos el sexo procreativo para ser felices. El homosexus, la etapa evolutiva que hace falta.

Por: Alex Guardiola Romero

Lo que realmente nos diferencia de los animales, es la capacidad de disfrutar el sexo más allá de un simple acto reproductivo. El sexo recreactivo, diría el senador colombiano Roberto Gerlein, reconocido homófobo y conservador. La evolución convelló a que el ser humano hiciera una fiesta para los sentidos de lo que antes era el mero ejercicio de la preservación de la especie, enhorabuena, pues condenados a ser primates involucionados sin el disfrute de la sexualidad, se hubiera favorecido el desarrollo de habilidades más violentas y menos lúdicas que quizás nos tuviera aún viviendo en las cavernas.

Persisten, tal vez como recordatorio de lo miedosos que somos al cambio, voces ultra conservadoras que abogan porque el sexo sea sólo un acto mecánico, un aburrido depositar esperma para fecundar un óvulo sin más pasión que cumplir lo que ellos atribuyen al querer de Dios. Porque ese es el único argumento que esgrimen, la inefable e incuestionable voluntad de Dios, su Dios, un Dios aburrido y castigador que nos espera con los dientes apretados para cobrarnos de una vez por todas nuestras descarriadas actitudes de vida. Utilizan, también, lo escrito en la biblia, olvidando en una chistosa amnesia selectiva que no existe manera de atribuir a Dios un escrito infestado de consignas dogmáticas de la iglesia católica del medioevo, tan propensa a juzgar y asesinar por medios de tortura a quienes no compartían su corrupción, que parece perenne.

Image

Se olvidan esos que rechazan el sexo recreativo que Jesús -un auténtico revolucionario digno de imitar- dijo en una sociedad violenta “amaos los unos a los otros”, la mejor manera de resumir una enseñanza de vida que ellos mismos, los ultraconservadores, han olvidado seguir y cambian por el odio de los fundamentalismos.

Si se trata de la biblia, se olvidan también de los exquisitos relatos con connotaciones y escenas sexuales protagonizadas por los hijos preferidos de Dios, como David, que observa a Betzabé con una lujuria que mutuó en locura y homicidio. ¿Acaso ese voyeurismo nos es recreativo? ¿O acaso cumplía alguna función reproductiva la práctica de Onán de eyacular fuera de la vagina de su cuñada-amante, dando nombre a una divertidísima práctica que nos acompaña incluso hasta el borde mismo de la tumba? ¿Acaso no hemos todos fantaseado con los detalles de Sodoma y Gomorra, queriendo incluso vivir algunos de ellos, y practicando también con verdadero deleite lo que llamaron sodomía? El homosexus que llegaremos a ser, no se opone a la filosofía del amor, por el contrario la enaltece.

Lo que sucede, con pesar, es que vivimos en una sociedad que se esconde para tener sexo y practica la violencia en público; que proscribe hasta los besos y las manifestaciones de afecto, pero alienta los golpes y las patadas. Vivimos en una sociedad que cambió eyacular por ensangrentar, y que además profesa que eso es no sólo bueno sino lo deseable. En nombre de Dios han iniciado guerras santas, cruzadas moralistas, pero aún en nombre de Dios no se comienzan luchas cuerpo a cuerpo, con caricias y besos, con mordiscos deliciosos en el cuello y amables tirones de cabello. Cambiamos amar por pelear, pobres de nosotros.

Yo, mientras tanto y en impune actitud egoísta de homosexus, seguiré practicando el sexo recreativo, muy a pesar del senador Gerlein y de Sor Ilva Miriam Hoyos, a quienes evedentemente en su vida les falta diversión. Les falta sexo.

 

Bogotá, Abril 24 de 2013.

abril 24, 2013. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

ÁLVARO URIBE, O EL SÍNDROME DEL EXPRESIDENTE JUBILADO

El saboteo rayano en la locura de un expresidente sin oficio. Para este 30 de mayo, celebremos el Día Sin Uribe, a ver si por lo menos ese día descansamos de tan infausto personaje.

 Por: Alex Guardiola Romero

 Uribe, sin argumentos más allá de la guerra misma, es no sólo prescindible sino un estorbo para los colombianos y nuestro futuro. Como el mueble viejo que no sabemos dónde poner y nadie quiere recibir de regalo, pero que no tiramos a la basura porque tiene el interesante efecto de recordarnos nuestras miserias pasadas, lo que no queremos repetir, lo que no pensamos volver a vivir. Y no lo digo sólo por su verborragia incontenible, sino porque utiliza el Twitter como arma de destrucción masiva, como vehículo predilecto para su saboteo profesional. Lo digo, también, porque ha demostrado sin pudor que lo tiene sin cuidado el futuro de nuestros hijos, al fin y al cabo ya el de los suyos está en un paraíso, lejos del hambre que ha dejado esta guerra, lejos de las lágrimas que hemos derramado por la costumbre malsana y proterrorista –según él- de querer un mundo mejor.

Da lástima el expresidente, tan incapaz de ser feliz en su retiro y tan ignorado en su seno familiar que busca la manera de hacerse notar a cualquier precio, como el niño asocial que llama la atención golpeando a los demás, o matando al mejor estilo de Adam Lanza, el homicida de la escuela Sandy Hook. Porque a Uribe no le importan ni los colombianos muertos ni los vivos, o inventar atentados contra gobernadores; ni siquiera le importan los miembros de las Fuerzas Militares, como quedó demostrado cuando reveló las coordenadas en las que soldados de la patria debían recoger a miembros de las Farc que iban a ser trasladados a Cuba.

Image

Foto cortesía de El Colombiano.

Nadie le niega su derecho a opinar, o a pensar en un modelo de país sembrado de tumbas de pobres –porque los ricos sólo mueven los hilos de la guerra sin ensuciarse las manos-, y tampoco se le niega su derecho sagrado a no estar de acuerdo; lo que sucede con Uribe es que su actitud denota odio visceral, deseo desenfrenado de poner palos a la rueda, incluso sus ganas de tumbar todo avance que represente el fin del conflicto. Y es que, al fin y al cabo, ¿quién es Uribe sin la guerra? Un expresidente doblemente obsoleto, un incordio hasta para doña Lina, quien ya debe estar harta de tenerlo en casa.

Se le olvida, por ejemplo, que mientras dialogaba con los paramilitares bajo un ficticio cese el fuego, los motoaserradores mataban a Alfredo Correa D´Andreis, un gigante bonachón incapaz de hacerle daño a nadie; y uno se pregunta cómo puede enterarse de coordenadas siendo expresidente, pero nunca se enteró de las reuniones de criminales en el sótano de la Casa de Nariño que él ocupaba. Se ha vuelto experto en mirar la paja en el ojo ajeno, negando incluso la viga en su propio ojo, una actitud patológica que su amigo el excomisionado Luis Carlos Restrepo, no vio por estar en desmovilizaciones presuntamente ficticias.

Por fortuna, todos sabemos que las malas mañas no se repiten, y a nadie se le ha ocurrido chuzarle su Twitter, tal vez porque quienes lideran esas maneras non sanctas están disfrutando de fiestas de disfraces el Panamá. Tal vez a Uribe le parezca un chistecito de vagos, pero si los colombianos éramos felices sin conocerlo, seguramente sobreviviremos sin él.

A Uribe le sentaría bien criar caballos en el Ubérrimo, para que por fin deje de montárnosla.  

Bogotá, Abril 14 de 2013.

abril 15, 2013. Etiquetas: , . Uncategorized. 1 comentario.

¿TÚ YA INICIASTE DIÁLOGOS DE PAZ?

De nada sirve que Timochenko entregue sus fusiles si nosotros mismos no desarmamos nuestra lengua. La paz se hace de verdad cuando reconocemos y practicamos el amor.

 POR: ALEX GUARDIOLA ROMERO.

No seamos ilusos: negociar con las FARC no traerá la paz a Colombia. No lo hará porque la nuestra es una sociedad violenta hasta los tuétanos; no lo hará porque el problema está, también, en otras esferas de la vida diaria y no sólo en la confrontación armada. De nada sirve firmar la paz con las FARC si primero no aprendemos a convivir, porque los homicidios en Colombia son, en su mayoría, por delincuencia común e intolerancia. De nada sirve que Timochenko entregue sus fusiles si nosotros mismos no desarmamos nuestra lengua, quizás más letal que los AK-47.

De nada sirve la paz con hambre. Somos una vergüenza para el mundo, y cómo no serlo si tenemos uno de los coeficientes Gini –que mide la desigualdad- más altos del hemisferio. De nada sirve la paz mientras unos pocos se lleven mucho, y muchos nos llevemos tan poco. Y es que pactar el fin del conflicto armado ciertamente debería contribuir a una sociedad equilibrada y justa, eso es un buen comienzo, pero resulta evidente que los que ostentan la riqueza no están dispuestos a ofrendarla por una sociedad mejor. Entonces no sólo serán los ejércitos anti-restitución promovidos por exgobernates, sino que habrá también ejércitos contra la inversión en reinsertados, porque qué gastadera de plata en esa gleba analfabeta. De nos ser porque aún nos necesitan, ya hubiera también ejército antipobres, esa cosa fea que atesta las calles y no deja circular los Mercedes como Dios manda.

Cómo vamos a tener paz con empresarios avaros. Muchas excepciones, por fortuna, y cada vez más conscientes de su realidad, pues una sociedad desigual desestimula la generación de riqueza. Pero persisten patriarcas empresariales decimonónicos para quienes los trabajadores no son sino fichas fácilmente reemplazables, a quienes se les paga con un plato de arroz de vez en cuando. Cómo va a haber paz con un poder adquisitivo tan bajo para los pobres, quienes en un mes ganamos lo que algunos se gastan en un almuerzo, y quienes debemos soportar la certera “si no le sirve, váyase” como única voz de aliento.

Y es que para hablar de paz verdadera debemos entender que las tareas de nuestros hijos son más importantes que las cervezas del viernes. La paz se hace de verdad cuando reconocemos y practicamos el amor por encima del machismo, o del feminismo, que al fin y al cabo son lo mismo. Viviremos en paz cuando no molestemos a nuestros vecinos, o cuando la cultura del más vivo deje de ser una virtud premiada en el día a día. La paz no sólo pasa por la entrega de los secuestrados, sino por la lengua viperina de quienes inventan chismes tan fuertes como un terremoto.

La verdadera paz se hace cuando formemos a nuestros hijos, cuando les enseñemos con ejemplo que maltratar no es el camino, como lo han demostrado 20 siglos de historia. Para esa tan anhelada paz hay que primero “destraquetizar” nuestra sociedad, que entendamos que la búsqueda del amor no pasa por carros lujosos sino por personalidades encantadoras; es hora de ir enseñando -¿o desenseñando?- a nuestras hijas que su felicidad no se mide por los ceros de las cuentas bancarias, sino por las caricias de cada mañana. Comenzaré a hacer la paz cuando deje de buscar dinero para aparentar y lo comience a ganar para vivir dignamente, porque de qué sirve una camioneta estrambótica con el corazón corroído.

Comenzaré a hacer la paz conmigo mismo. Tus ofensas hieren más que las minas “quiebrapatas”, y lo peor es que te matan lentamente. Para hacer la paz debemos comenzar por hacer el amor.

Barranquilla, Septiembre 27 de 2012.

septiembre 27, 2012. Etiquetas: . Reflexiones Colombia y Latinoamérica. Deja un comentario.

AUSENCIA SENTIMENTAL

Con infinito aprecio para mis amigos y familiares que están lejos. Un día nos reuniremos y por fin despertaremos de la pesadilla.

 Por: Alex Guardiola Romero

 Dice el viejo y bello vallenato que quien nunca ha estado ausente no ha sufrido un guayabo. Tiene razón. No imagino el vacío que sienten quienes debieron dejar todo; quienes tras un sueño amorfo abandonaron lo suyo, incluso a su familia, incluso a sí mismos. Qué sensación tan opresiva la de quienes, buscando oportunidades, eligieron el destierro, o el destierro los eligió a ellos en una democracia como todas: engañosa. Ser un desterrado, un migrante, es estar muerto, pero suficientemente vivo como para padecerlo.

Imagen

Y es que extrañar es la peor manera de sufrir. Resulta imposible despegarnos de lo que somos, de nuestro día a día, de nuestros amigos, de nuestro espacio, de nuestra familia. Por eso, porque realmente me declaro incapacitado para el desarraigo, confieso admiración por quienes están lejos, por quienes han padecido de fiebre cuando nadie les alcanza una pastilla, por quienes en busca de un futuro mejor se hicieron a la mar. Ahora, cuando yo mismo lo vivo apenas de manera tímida, entiendo porqué sueñan con el regreso, entiendo porqué prefieren seguir comiendo mierda, pero en su tierra, donde al fin y al cabo tiene un sabor conocido.

No somos nómadas, la evolución nos condujo al arraigo y para eso estamos diseñados los hombres y mujeres modernos. Mienten, creo yo, quienes al volver de vacaciones fingen estar bien; esconden su pena quienes pretenden demostrar que cambiaron su felicidad por dólares; quienes hablan de París como si fuera mejor que los chicharrones de La Tiendecita un domingo por la mañana; quienes olvidan su acento para parecer ciudadanos del mundo sintiéndose ya de ninguna parte; quienes escondieron la pena haciéndola así más grande.

Me he aprendido de memoria los horarios de los vuelos. Me basta mirarlos para saber que ese es de Avianca de las 7 y 45 PM; me basta cerrar los ojos para verme a mi mismo oteando desde la silla 22K la ciudad ajena de la que nos vamos para que no se nos olvide de dónde venimos. Me basta mirar los rostros fríos, inexpresivos, y volver a donde duermo –porque “casa” queda donde somos felices- sin nada que contar porque afuera la gente es aún más fría que el clima, como si eso fuera posible. Me basta saber que llega el viernes y aquí no pasa nada, porque los días están pegados con el tedio de la indiferencia. Me basta recibir la visita fortuita de alguien que llega con noticias de la patria chica, para descubrirme desesperado por volver.

Es entonces cuando sonrío si escucho un acento añorado, y veo en el rostro de ese alguien una añoranza similar. Cuando sueño con mi espacio, en mi ciudad, con mis amigos, con mi clima. Lo único que puedo pensar, a manera de consuelo, es que un día volveremos y nos reiremos de todo. Sólo espero que el frío inmisericorde, el desprecio del que fuimos víctimas, la ausencia que nos ha oprimido, hayan rendido frutos. Sólo espero que para entonces no sea demasiado tarde y el granizo no haya caído en vano.

 Bogotá, Septiembre 20 de 2012. 

 

septiembre 21, 2012. Seres Humanos. 3 comentarios.

EL SAGRADO PLACER DE COMERSE LOS MOCOS

No es natural que “crecer” signifique complicarnos, por el contrario bien parece una pequeña curva involutiva, un atajo que nos devolvió de dónde pensamos haber salido. Ya no comemos moco, que puede ser una manera de encontrarnos.

 Por: ALEX GUARDIOLA ROMERO

 Imagen

El día que dejamos de comernos los mocos se nos acabó la inocencia. Entonces perdimos nuestra niñez, nuestra vida sin preocupaciones, nuestra alegría, para darle paso a la azarosa rutina de nuestros días, a la angustia insondable de querer siempre más y más, al desespero por tener y cumplir obligaciones. Es que comerse los mocos era señal inequívoca de felicidad, de desprendimiento y de amor propio. ¿Acaso no es amarse a sí mismo comerse algo que proviene de nuestro propio cuerpo?

Aún me pregunto por qué los juegos más simples, la carcajada sincera y fácil, y el mundo de fantasía que construimos no duró para siempre. De repente nuestro cuento de hadas se fue llenando de minucias, de brujas malvadas disfrazadas de factura de la energía, de la necesidad de trabajar para “ser alguien”; ya yo lo era, cuando quería y como quería, bien sea mientras me sentía Maradona jugando al fútbol o cuando jugaba solitario con improvisados juguetes que siempre eran mucho más gracias a mi imaginación. Sin tenerlo claro del todo, nos vimos obligados a crecer, pero nadie nos dijo cuán doloroso es. Y todavía se atreven a mirarnos con repugnancia mientras nos comemos, pletóricos de felicidad, esas pequeñas bolitas, como si querer volver a un mundo sin problemas fuera pecado.

Imagen

Pero todo es cíclico, y en algún momento nos daremos cuenta que equivocamos el camino, tal vez por intentar hacer la vida más interesante. No es natural que “crecer” signifique complicarnos, por el contrario bien parece una pequeña curva involutiva, un atajo que nos devolvió de dónde pensamos haber salido. Tal y como está planteada la existencia actual es evidente que es un bache en el proceso, pues llenarse de problemas tan complejos que nos roba la vida misma no es, ni puede serlo, evolución. Nos dijeron que comerse los mocos nos enfermaría, pero ¿acaso no nos enferma el apretar los dientes para vivir un día más? ¿Acaso no nos enferma mucho más la búsqueda desesperada de quién sabe qué? Porque el problema real es que a estas alturas no sabemos a ciencia cierta qué queremos y qué buscamos de la vida o en la vida. Estamos perdidos en nuestra propia invención. Y ya no comemos moco, que puede ser una manera de encontrarnos, porque somos “grandes”.

Hija, tú que aún lo haces, que disfrutas de la falta de complejidad de tu vida, no deberías renunciar al sagrado placer de comerte los mocos, porque la otra vida, la de los grandes que profesan asco por todo menos por sí mismos, es asfixiante, es castrante. Sigue cambiando a tu antojo los cuentos infantiles, sigue dibujando figuras ininteligibles para nosotros pero perfectamente claras para ti, sigue escenificando tus días en medio de bosques encantados y castillos irreales; pero sobre todo, sigue invitándome a jugar contigo, que es otra forma de comerme los mocos. Sigue haciéndome niño a través tuyo, porque ser adulto duele.

 

Barranquilla, Agosto 21 de 2012

 

agosto 21, 2012. Etiquetas: , , . Seres Humanos. Deja un comentario.

Y SE HIZO LA LUZ

Cómo El Renacimiento Salvó A La Humanidad

El Renacimiento nos salvó de la oscuridad. La vida del hombre se hubiera tornado hacia el final de la civilización, o peor aún, hacia la in-civilidad gracias a las prácticas oscuras y absurdas de la Iglesia y los señores feudales del medioevo, cosas de la que nos sacó el Renacimiento. Y es que no sólo fue mirar hacia el pasado para renacer, sino saber que sin conocimiento, ciencia y cultura no hay humanidad; en últimas, el movimiento cuyo epicentro fue Italia, fue apenas una obvia reacción a nueve siglos de tratarnos como borregos de carga sobre cuyos lomos se debían llevar el peso de las Santas Escrituras.

 

No sólo fue la teoría heliocéntrica y sus implicaciones, ni los avances en materia marítima que llevaron a una fiebre descubridora, ni el conocimiento de la anatomía humana, sino la certeza de que el hombre debe desarrollar distintos aspectos de su vida para avanzar; la conciencia de que es necesario aprender, experimentar y atreverse para que seamos seres plenos en la tierra y no esperar a que la vida eterna nos depare la redención.

 

Pero hay que ir al principio de las cosas. Sin la base fundamental del Humanismo no se hubieran determinado cambios profundos, pues a partir de la filosofía humanista se cimentó la construcción de un imaginario colectivo que invitó a las ciencias y las artes a re-pensar su visión. En este sentido, hay que reconocerle al humanismo el mérito de atreverse a concebir al hombre desde una perspectiva casi egocéntrica para impulsar una rebelión intelectual que alimentó la modernidad de la humanidad. Sin los postulados de Rótterdam y otros humanistas pensar en reinventar las artes –por ejemplo- no hubiera tenido una sentido pleno; para decirlo en otras palabras, hay que saber que el Humanismo fue el hilo invisible que ató todos los desarrollos del Renacimiento. Llama la atención que la Iglesia no hubiera privilegiado al hombre en su desarrollo, pues es apenas un contrasentido si se tiene en cuenta que éste “fue creado a la imagen y semejanza de Dios”, y que si acaso lo hubiera relegado al pusilánime papel de objeto de aplicación de los dogmas que mantuvieron su oscuro poder. El Humanismo, y por supuesto el Renacimiento, fueron antropocéntricos, como las antiguas filosofías griega y romana que nos sacaron de la Edad de Piedra.

 

Pero no todo es malo para la Iglesia. Cuando los Médicis se tomaron la única instancia de poder que les hacía falta por tomarse, es decir, la Iglesia, apoyaron el arte y el desarrollo de las ciencias. Los Papas Julio II, Clemente VII, Pablo III y León X, apoyaron el arte desde su cómoda silla en El Vaticano gracias a la orientación familiar al mecenazgo. Fue importante para la sociedad de entonces reconocer que ya era necesario introducir también un cambio en la corresponsabilidad de los acaudalados para con los artistas,  imponiéndose casi como una moda el mecenazgo. Bajo la batuta de personajes adinerados de la época surgieron figuras como Miguel Ángel o Da Vinci, se desarrollaron investigaciones sobre anatomía en la Universidad de Pádua y otras, y se socializaron las ciencias por medio de textos impresos con la novísima imprenta de tipos móviles de Gutembert.        

 

Las matemáticas, la física y la astronomía, obligaron al hombre a revaluar su papel en la tierra. Los avances renacentistas en estas materias cambiaron la concepción de las cosas y la vida en un proceso casi meteórico y hasta podría decirse abrupto. Entender que las “verdades” de antes eran susceptibles de ser cuestionadas, y que ya no habían cosas absolutas, fue difícil para el hombre de la época, máxime si se tiene en cuenta que la Iglesia mantenía aferrada la Biblia con una mano mientras con la otra ordenaba arder en piras públicas a muchos científicos de avanzada. Por fortuna, la ciencia se impuso; comenzó a sustentarse y demostrarse la teoría heliocéntrica y las matemáticas hicieron posible encontrar puntos de crecimiento en todas las ciencias, pues tomada como base logró impulsar la física, geometría, astronomía y la filosofía.

 

El capitalismo de nuestros días también se incubó en el Renacimiento. Fue en esta época en que la revolución librecambista se cuajó para mostrarse en su esplendor en la Inglaterra industrializada de un par de siglos posteriores. Las razones fueron muchas, entre ellas que los cambios también abarcaron la economía y la política; se pasó del trueque en feudos aislados a una creciente economía de producción en las ciudades, surgiendo la burguesía que tantos papeles jugó posteriormente en Europa. Los botines de las cruzadas comenzaron a circular marcando un ritmo que ya no se podía seguir en feudos medievales, los artesanos y cambistas poblaron las ciudades y los mecenas financiaron viajes descubridores que como sabemos con amargura culminaron en saqueos.

 

Sin el Renacimiento nada sabríamos de Democracia, ni Da Vinci habría pensado en una máquina voladora que hoy es una gigantesca industria, ni disfrutáramos de obras de arte como “El Moisés” o “La Gioconda”, ni Descartes hubiera formulado el Racionalismo, y la medicina aún tratara a los enfermos como posesos, mientras la Iglesia dirigía desde sus palacios de oro cruzadas en contra de nuevos moros acusándonos de herejes. Sin el Renacimiento permaneceríamos en pútridas guaridas esperando azotes del señor feudal, mientras los reyes y los Papas manejaban las cosas a su antojo. Sin el Renacimiento, la humanidad viviera en una eterna oscuridad.   

 

 

 

 

octubre 30, 2008. Etiquetas: . Seres Humanos. 2 comentarios.

SÍ ES POSIBLE RE-PENSAR A COLOMBIA DESDE LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA

Reducir la pobreza extrema es el primer paso  para la concertación

 Por: Alex Guardiola Romero

A 20 años del “no” en Chile, que desencadenó la salida de Pinochet del poder, la izquierda Latinoamérica se sigue transformando; no sólo porque han terminado de entender que la economía de mercados es una realidad sino que ésta puede ser utilizada como plataforma para lograr las transformaciones sociales necesarias en una región en la que 45,1 millones de habitantes debe vivir con menos de 1,25 dólares diarios y una marcada desigualdad entre los ingresos per cápita más altos y los más bajos. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2006 un 36,5% de la población de la región se encontraba en situación de pobreza, mientras la extrema pobreza o indigencia abarcaba al 13,4% de la población[1].

 

Los países que han logrado una reducción significativa de la pobreza en la región han estado en un proceso de transformación social liderado desde la izquierda, con programas de seguridad alimentaria, educación gratuita e inserción social; desde el referente chileno, se han desvanecido las izquierdas absolutas para dar paso a los modelos concertacionistas a lo Lula o a lo Krichner y compañía, manteniéndose populismos de izquierda a lo Chávez, que no obstante muestra cifras alentadoras en la reducción de los índices de pobreza absoluta. De hecho, el precitado informe de la CEPAL revela que entre 2002 y 2006, Argentina presentó “el progreso más importante”, al reducir en 24,4 puntos porcentuales la tasa de pobreza y en 13,7 puntos la de indigencia; en segundo lugar está Venezuela, que disminuyó sus tasas de pobreza e indigencia un 18,4% y un 12,3%, respectivamente. Preocupa, eso sí, el aumento de la desigualdad no sólo entre los de mayor y menor ingresos sino por razones de etnia, género y otros.

 

El miedo que unió a Chile

 

El caso chileno es sin dudas el referente para todos en Latinoamérica, y detrás de los 20 años de la Concertación de centro-izquierda está la imagen de Ricardo Lagos, quien impulsó el “no” haciendo frente a la dictadura Pinochet, fue uno de los líderes que transformó el pensamiento de la izquierda latinoamericana. No obstante, ya hay fracturas en la Concertación chilena, sobre todo porque generó expectativas superiores a sus posibilidades en una región en deuda con sus habitantes. El triunfo de la Concertación chilena ha sido ese: lograr reunir en torno a unos objetivos comunes a partidos y facciones ideológicas variopintas y hasta disímiles, que en el fondo lo que buscaban era evitar que volvieran las horribles noches de Pinochet. El mismo Ricardo Lagos lo expresó en los actos de conmemoración de los 30 años del golpe cruento que derrocó a Allende, cuando invitaba a sus conciudadanos a “construir un Chile donde no vuelva a ocurrir jamás lo que hace treinta años ocurrió”. Ese es el punto débil, que el miedo unió a unos partidos políticos si se quiere no tan congruentes, que ya han comenzado a mostrar grietas irreparables.

 

No obstante, la Concertación ha traído consigo la conciencia de una sociedad que debe unirse para resolver sus problemas, una sociedad que quedó vacunada contra el populismo y el caudillismo venga de donde venga, y que ha optado por pagar la inmensa deuda social incrementada con 17 años de represiones y devastación. Si bien el miedo a Pinochet unió a los chilenos, también lo ha hecho una ideología que recoge a la izquierda pragmática que usa la economía de mercados para cerrar la brecha social y combatir la pobreza. Lagos mismo se refirió en muchas ocasiones al tema de la transición no violenta en Chile, invitando al mundo a superar la violencia y el miedo. Los resultados saltan a la vista, siendo Chile el país latinoamericano de mayor progreso en las dos últimas décadas, con unos índices de desarrollo social plausibles, no obstante los desafíos que enfrenta el gobierno de Michel Bachelet, sobre todo en materia de educación. En suma, bien puede afirmarse que el triunfo chileno ha estado en lograr una transición no violenta desde el fortalecimiento de las instituciones, en donde el miedo se convierte poco a poco en pasado, y con unas fuerzas militares más cercana, menos violadoras de derechos humanos y sí más legítimas.

 

La singularidad de Colombia

 

Se ha dicho siempre que Colombia es un laboratorio social complejo y singular, con una realidad mutante y con distorsiones como el narcotráfico que la hacen difícil de atender. Por ello, para el caso colombiano si bien el pensamiento de Ricardo Lagos es pertinente no es suficiente, pues acá la transición no violenta implica reparar heridas que sólo sanan con unas medidas de choque que muy pocos en la clase dirigente están dispuestos a impulsar. Si bien Pinochet y Uribe guardan preocupantes similitudes, también es cierto que el presidente de Colombia utiliza lo que tiene a su alcance, que no es más que lo que le permiten referentes de poder ocultos, atacando la disminución de la pobreza con intenciones mediáticas y no de convicciones sociales profundas. No es cierto que el incremento del gasto militar en Colombia sea inversión social, o que la Seguridad Democrática busque cerrar la brecha, pues ambas cosas sólo apoyan el crecimiento de esos ocultos centros de poder que mueven los hilos invisibles.

 

El dilema de las víctimas en Colombia no es entre olvidar y perdonar, sino en alcanzar una reparación efectiva, pues ni los pocos dineros repartidos entre algunos de los familiares de las víctimas ni las “condenas” de los victimarios lo logran. El problema es que quienes pueden llevar a cabo efectivos procesos de reparación no lo hacen por sus propios intereses o porque ellos mismo son el alguna medida victimarios; este hecho lo demuestran las extradiciones a la carrera de los cabecillas de los grupos paramilitares, que en el fondo lo que pretenden es evitar la acción de la justicia internacional, pues Estados Unidos no hace parte de los convenios que dieron origen a la Corte Penal Internacional. De esta manera, no hay forma de garantizar que en Colombia no vuelva a suceder lo que está sucediendo. Tampoco se puede superar el miedo. Aquí no se han desarmado los victimarios.   

 

Si bien la prepúber izquierda colombiana está en proceso de transformación, a su crisálida le falta mucho para ser una mariposa que garantice la superación de la inequidad. Colombia requiere inicialmente desarrollar programas de seguridad alimentaria, de acceso universal a la educación y de garantía de acceso a la salud para consolidar una concertación nacional, que no un Frente Nacional que ya hace décadas nos vendieron como la tabla de salvación para nuestros problemas.

El reto es lograr la institucionalización del país, pues la nuestra es una sociedad mediada por factores desestabilizadores como el narcotráfico o el paramilitarismo, que han infiltrado todas las instancias del Estado, o por unas Fuerzas Militares que –pese a los ingentes recursos y procesos de modernización- siguen caminado al borde de la ilegalidad, presentando como bajas en combate a jóvenes pobres desaparecidos.

La salida es la educación. No hay mejor herramienta para lograr mayor equidad que educarnos, pues el conocimiento no sólo genera riqueza sino un desarrollo sostenible e inclusivo, en últimas la educación dignifica al ser humano y construye tejido social. Eso se logra aumentando los recursos para la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, no invirtiendo en armamento y creyendo que el “Plan Colombia” pueda tener un componente social, cosa contradictoria y hasta risible creer que con unos pesitos un campesino ponga a su familia en acción, cuando quizás no conozca el significado de ésta palabra.


[1] Panorama Social de América Latina 2007. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL.

octubre 30, 2008. Etiquetas: . Reflexiones Colombia y Latinoamérica. Deja un comentario.

CINCO GRAMOS DE AMOR

(más…)

octubre 30, 2008. Etiquetas: . Mucha Piel. Deja un comentario.

MALDITOS OPTIMISTAS

El optimista es el invento perfecto para mantenerte ocupado en otras cosas, es un distractor prefabricado para evitar que asumas que el mundo es insufrible; un optimista es la versión perversa de Dios, o del Diablo, si es que no son lo mismo.

Por: Alex Guardiola Romero

Odio a los optimistas. No entiendo cómo alguien puede ir por este mundo sonriendo por todo y convencido de que toda esta  mierda se trata de una conspiración del universo para hacerte feliz. Eso de que “mejores cosas vendrán” es la talanquera más grande para el progreso humano porque ello supone que todo está bien. Un optimista es, en esencia, un fracasado resignado, un perdedor que asumió que su rol en el mundo es esparcir la semilla de la sonrisa a cambio del dolor. ¿Qué tal que a los optimistas se le hubiera ocurrido pregonar hace seis mil años que debíamos estar agradecidos por la caverna que nos tocó? ¿Qué tal que a los optimistas se les hubiera dado por convencer a los franceses del siglo XIX que tener hambre y ser gobernados infamemente por Luis XVI y María Antonieta estaba bien porque “no hay que andar quejándose por todo”?

OPTIMISTA1

En la vida diaria los optimistas nos han privado de mucho. Desde que a varios de ellos se les ocurrió llamar “emprendimiento” al intento desesperado de un pobre por la sobrevivencia diaria, comenzaron a bajar mentirosamente los índices de desempleo y a subir la sensación de estar haciendo algo que nos lleva a la encrucijada de siempre. Es decir, igual nos vamos a morir de hambre, pero con una sonrisa en la cara por haber sido “emprendedores”. El optimista es el invento perfecto para mantenerte ocupado en otras cosas, es un distractor prefabricado para evitar que asumas que el mundo es insufrible; un optimista es la versión perversa de Dios, o del Diablo, si es que no son lo mismo.

Y hasta tienen “barras bravas”, porque por una razón que desconozco los optimistas suelen agruparse en pandillas; son una suerte de secta que va por el mundo queriendo convencerte a la fuerza, como los Testigos de Jehová o los Mormones, pero sin la promesa del paraíso y la vida eterna porque para ellos ¡el paraíso está aquí!. Saben de sobra que la suya es una droga que deseas tomar con ansias locas, como la cocaína que envalentona al pobre hombre, pero nadie te dice que el síndrome de abstinencia terminará por mostrarte de nuevo la realidad. Ese LSD que te suministra el optimismo ni es duradero ni es sano, y trae como consecuencia una pandilla de zombies que van por el mundo buscando una dosis diaria en medio de esta balacera que es la vida, como lo dijera Fito Páez. Y como el drogadicto que roba para comprar su droga, el optimista necesita que cada vez haya más desesperación para fungir como la solución. En el optimismo, como en toda religión, si al final las cosas no te salen bien la culpa es exclusivamente tuya, porque no fuiste suficientemente positivo y optimista; en otras palabras, no tuviste la suficiente fe. El negocio es redondo: si eres pesimista la culpa es tuya, pero si eres optimista y al final las cosas no se dan, también. Es un círculo vicioso que te atrapa porque parte de la culpa y la autoflagelación como herramientas para mantenerte ahí, buscando ser feliz.

Una particularidad del optimista es que siempre habla de un futuro mejor para que no te fijes en un presente peor. El optimista siempre tiene los ojos puestos “allá” para que te olvides que estás “acá”, para que cambies tu dura realidad por un incierto campo de probabilidades. He llegado a imaginarlos incluso evangelizando de puerta en puerta, diciéndote que traen la receta de la felicidad impresa en revistas con portadas de ensueño. Llegará el momento en que te venderán tu dosis diaria de optimismo a través de los muros de las universidades en forma de pastillas rosadas, porque en el fondo el optimismo no es sino un negocio más, el negocio del “todo va a estar mejor”. La abstracción del optimismo -y por ende del optimista- es la realidad amorfa que se necesita para que sigas funcionando como un autómata.

OPTIMISTA2

Y ya es un movimiento de tintes globales muy extendido y muy estudiado, con aberraciones disfrazadas de teorías. Un optimista llamado Eduard Biosca, que además es humorista y pseudoescritor y que espero nunca conocer, dice que “El optimismo global, a diferencia del optimismo particular, no tiene una visión positiva de algo concreto o de nuestra vida sino del futuro del ser humano en general”. Imagínense tamaña estupidez, cuando cada día nos damos cuenta no solo de nuestra inviabilidad como especie sino de la urgente necesidad de que la naturaleza tome correctivos en nuestra contra. Pero el mundo necesita de los optimistas, porque la felicidad tiene en la mentira a su cómplice perfecto, quizás porque ambas cosas son invenciones necesarias para sobrevivir, no vaya a ser que un día nos demos cuenta de la verdad.

Debo confesar, con vergüenza y arrepentimiento, que a veces he sido optimista. Confieso que le he dicho a personas que sufren que habrá un mejor futuro, que su vida será mejor y que todo pasa por algo; confieso que he convencido a desgraciados que su sufrimiento tiene un propósito, como si el dolor fuera simplemente solo un escollo necesario para ser felices. Lo peor, es que yo mismo me he engañado, yo mismo me he drogado con esa pastillita rosada que es la felicidad, muchas veces he sonreído ante la debacle dejando de mirar el ahora para comenzar a soñar el mañana. Todos en algún momento hemos dicho “todo estará bien” a sabiendas que la vida no es sino una espiral que empeora. Todos nos hemos mentido siendo optimistas.

El optimismo es una pseudociencia que incluso te vende medicamentos para hacerte feliz; pero lo curioso es que esos elefantes rosados que te hacen ver las píldoras de la alegría solo te visitan cuando compras el medicamento costoso que enriquece a algunos, ellos sí muy felices. Tratar de sostener semejante construcción social ha llegado al colmo de contar con validadores como la universidad de Harvard. Un estudio de la escuela de salud pública de Harvard relaciona al optimismo con un menor riesgo de las mujeres de morir por cáncer, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedades respiratorias o infecciones. Las conclusiones son para mi aterradoras: los investigadores de Harvard dicen que las mujeres más optimistas de su estudio, tenían un 52% menos de riesgo de morir de infección, un 39% menos de hacerlo de ictus, un 38% menos posibilidades de morir de enfermedad cardíaca o respiratoria y un 16% menos de hacerlo de cáncer. Yo solo quiero decirles, señores de Harvard, que si el optimismo evitara la muerte, los payasos serían inmortales. Además ¿a qué clase de idiota le interesa la inmortalidad?

Pido que cese la persecución contra nosotros los pesimistas. La cosa ha llegado tan lejos, que hoy en día decirle a alguien “pesimista” es sinónimo de insulto, como si todos estuviéramos obligados a andar por la vida con una sonrisa en los labios mientras nos embargan la casa por las deudas que, curiosamente, adquirimos en un ataque de optimismo. Simplemente hay quienes llamamos las cosas por su nombre, quienes dejamos de buscarle eufemismos positivos a la realidad, y si por eso nos llaman pesimistas qué más da. De los quejosos y pesimistas es el reino de la evolución social humana. Quejarse es entender que nada está bien y que debemos cambiarlo todo. No vaya a ser que venga un optimista a decirnos lo contrario y nos terminemos conformando con ser felices. Cuando por fin seamos felices, entonces ya no habrá razón para vivir.

septiembre 18, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

IDIOTAS ÚTILES

Álvaro Uribe decidió reinventarse buscando en el periodismo a su nuevo enemigo, sin importar lo útiles que en el pasado le fueron tanto medios de comunicación como periodistas. Así le paga el diablo a quien bien le sirve.

 Por: Alex Guardiola Romero

La pelea entre Álvaro Uribe y Daniel Samper Ospina no es una simple confrontación de egos, sino una bien calculada estrategia del uribismo para las próximas elecciones, porque a falta de FARC bueno es alebrestar el odio contra el periodismo. En los últimos años en Colombia, nada ni nadie ha sido más uribista que los medios de comunicación y los periodistas. Salvo contadas y notables excepciones, los medios de comunicación y los periodistas han sido la caja de resonancia encargada de mantener vigente al nefasto expresidente y sus tesis, fungiendo bien sea de títeres o de comodines en las estrategias de Uribe. Pero así le paga el diablo a quien bien le sirve, y ahora el periodismo pasó a ser la piedra sobre la cual Uribe piensa edificar su próxima catedral de odio.

URIBE1

En esta ocasión, nuevamente el periodismo es el idiota útil del expresidente, porque el Mesías decidió reinventarse buscando un nuevo enemigo, y él sabe del odio bien ganado que tienen los medios de comunicación y los periodistas entre el público en general. Lo curioso, es que gran parte de la falta de credibilidad y el odio de que gozan los medios de comunicación y los periodistas en Colombia, se deben a la demostrada porra que le hicieron a Uribe, quien en aquella ocasión los usó para vender un discurso legitimador de la barbarie sobre el cual cabalgó su hegemonía. Durante años vimos a Claudia Gurisatti extasiada sonriéndole al líder paramilitar Carlos Castaño mientras lo entrevistaba, o a Salud Hernández defendiendo posturas que ruborizarían de indignación a cualquier ser humano normal, nos enteramos de columnistas que enviaban sus escritos para la corrección y visto bueno del uribismo, o vimos cómo RCN Radio fue cooptada por Pacho Santos como herramienta ciega del uribismo más delirante. Pero hoy el periodismo no es más que un simple peón del expresidente, demostrando que para él son unas fichas prescindibles de menor valía.

Para quienes nos preguntábamos cómo se iba a reinventar el uribismo tras la falta de las FARC y la guerra, la respuesta ha sido ésta, que si bien es audaz no deja de ser muestra de un desespero infinito que puede costarle caro al expresidente. Uribe se juega así el todo por el todo con una estrategia que incluso muchos de sus allegados miran con recelo, por lo menos en público, porque si de algo sabe el uribismo es de mostrar una cara en público y otra en privado. Exacerbar el odio contra objetivos claros es una fórmula que ha demostrado le rinde frutos al uribismo, sobre todo cuando el objetivo tiene un inmenso rabo de paja, pues el nuestro ha sido un periodismo vergonzante que ojalá ya haya tocado fondo. No obstante su bien ganada fama, los medios de comunicación y los periodistas aún son importantes en una sociedad que como la colombiana se destaca por su falta de análisis, criterio propio y la tendencia a consumir masivamente contenidos viciados, así que la estrategia puede significarle a Uribe su último cartucho.

Ahora bien, ya antes el expresidente ha entrado en confrontación con periodistas que se atreven a cuestionarlo, incluyendo documentados casos de persecuciones judiciales y extrajudiciales, y en ello siempre demostró que -sin importar la solidaridad de gremio- había quienes justificaban y aplaudían las acciones contra sus colegas, incluso algunas de ellas ilegales. Como no existe gremio en el que se evidencien más los egos y las miserias humanas que en el periodismo, ya hay periodistas que buscan en este nuevo episodio la oportunidad para posicionar a su nuevo mesías, esta vez uno con antecedentes de agresividad contra sus colaboradores, comenzando nuevamente el círculo vicioso. Tal parece que algunos periodistas ya asumieron su rol de títeres, y lo peor es que hay muchos que aparentemente lo disfrutan en medio de sus tardes llenas de luciérnagas.

No es cierto que atacar a Daniel Samper es atacar al periodismo colombiano o a los periodistas, sobre todo si se tiene en cuenta los antecedentes cuestionables de un Samper que disfraza de humor sus barbaridades racistas, regionalistas, políticas y sociales, pero lo valioso de la libertad de prensa es garantizar que incluso Samper pueda escribir o decir sus sandeces, y ya sabemos que a Uribe no le gusta eso de las libertades y los derechos. Por eso, aunque no estoy de acuerdo con lo que dice o escribe Daniel Samper, aunque lo considero un periodista y opinador menor, y me llama la atención que pelee con Uribe pero guarde silencio cuando el expresidente apoya a un Enrique Peñalosa que está desmembrando a Bogotá, es triste que haya sido él el caballo de batalla de esta nueva etapa del uribismo. La libertad de prensa radica en que incluso un Daniel Samper pueda opinar libremente.

julio 18, 2017. Etiquetas: , , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

GUERRAS DE OPINIÓN: LA INFORMACIÓN COMO ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA

El escenario de guerra de opinión antecede a cualquier intervención militar de occidente. Antes de la intervención militar, es menester “fabricar el consentimiento” de la población, y los medios de comunicación son el instrumento preciso.

 Por: Alex Guardiola Romero

Las guerras de la primera parte del siglo XXI son construcciones sociales a partir de la utilización de los medios de comunicación tradicionales y no tradicionales, y no conflictos en sus formas clásicas, razón por la cual los generales son cada vez menos importantes y, en cambio, sí cobran mayor relevancia los estrategas políticos y de comunicaciones. Las bombas más destructivas de estas nuevas guerras no son aquellas que explotan en los territorios, sino la difusión de información con una intencionalidad marcada que moldea a la opinión pública para que asuma que lo que sucederá no solo es inevitable sino justificado. La “guerra blanda” sitúa ya no a las balas sino a la información en distintos formatos, como la munición más importante para librar la batalla. Podría afirmarse que estamos viviendo la época de las “guerras de opinión”, una nueva forma de conflicto no menos letal que las anteriores.

El discurso legitimador extendido con vectores de viralidad por distintos medios, especialmente en la Internet, hace que los primeros en desembarcar en un conflicto no sean los soldados sino los periodistas. De ellos depende la propagación de la difamación, la construcción de un imaginario que sitúa al enemigo a atacar en el bando de “los malos” y crea como necesaria la intervención de “los buenos”. Se pretende con ello, ni más ni menos, que tras la difamación orquestada y la utilización fraudulenta de las herramientas de comunicación, llegando incluso a patrocinar acciones terroristas que subrayen la zozobra, haya un consenso respecto de la necesidad de intervenir, validando las acciones posteriores y las operaciones para “el restablecimiento del orden”.

Se financia y prepara a grupos específicos encargados de iniciar las acciones que justifican la intervención, financiando por ejemplo a “lobos solitarios” que ejecutan acciones terroristas, para posteriormente invocar la defensa contra el terrorismo como piedra angular de una intervención, o se hace florecer “primaveras” que terminan por derrocar gobiernos para organizar nuevos regímenes que garanticen el acceso al petróleo y el gas, pero disfrazadas las operaciones como apoyo a la libertad y la democracia. En resumen, se actúa con piromanía para justificar las mangueras que apaguen el incendio.

GUERRA 2

GUERRAS DE OPINIÓN COMO EXPRESIÓN DEL DARWINISMO SOCIAL

Las razones por las cuales se saltó de la guerra asimétrica, la guerra electrónica, la guerra económica y la guerra gris, a una “guerra blanda” y finalmente a las “guerras de opinión”, son varias y responden a la evolución aún en marcha del concepto de confrontación enmarcados en la tesis del dawinismo social. Para empezar, es claro que las guerras de hoy se fabrican, porque un mundo sin guerras no permite la supervivencia del más apto, esto es, el de mayor capacidad para subyugar al otro. La guerra, en cualquier formato, genera riquezas para unos pocos tanto como muerte y destrucción, y es un mecanismo comprobado de selección natural para la implantación de un nuevo orden dominado por los más aptos.

No en vano los primeros en utilizar a la información como munición en sus guerras fueron, precisamente, los oficiales de la Alemania Nazi, instituyendo a Joseph Goebbels como ministro de ilustración y propaganda. Esa supervivencia “del más apto” o del genéticamente puro, una versión instrumental y moderna de la eugenesia, introdujo el poder de la información como validador de una tesis y como sustento de la necesidad de una guerra.

La noción de que las guerras son necesarias ha tomado carrera entre los economistas.  Los estrategas de Goldman Sachs, Christian Mueller-Glissmann y Alessio Rizzi, dijeron a medios de comunicación a comienzos de julio de 2017, en declaraciones reproducidas por la agencia Reuters, que un gran shock como una recesión o una guerra es lo que normalmente logra despertar los mercados de las recesiones. Así las cosas, se viene a entender que las guerras no se producen por generación espontánea, sino que son eventos perfectamente organizados en el tiempo cuya intencionalidad es producir riquezas para quienes más tienen y para hacer más fuertes a quienes ya lo son. Las guerras son el método de “selección natural” moderno, la supervivencia del más apto.

LA PRODUCCIÓN DEL CONSENTIMIENTO

La capacidad de influir en el público a través de mensajes en distintos formatos, no es nueva, razón por la cual que ello sea utilizado en la preparación de las guerras modernas no debe sorprendernos. Desde la teoría de la aguja hipodérmica hasta nuestros días, es claro que los seres humanos somos influenciables, maleables si se quiere, y todo ello se basa en que somos personas híper-informadas sin capacidad de análisis. En otras palabras, no podemos o no queremos analizar las cosas y los acontecimientos más allá de lo obvio, pese a que tenemos acceso a la información, y esa es la herramienta que utilizan las “guerras de opinión”. Chomsky (1993), refiere la que podría llamarse la primera vez que se moldeó a la opinión pública a favor de la guerra:

“Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político…”[1].

Hoy, el escenario de guerra de opinión antecede a cualquier intervención militar de occidente, habiéndose convertido en un modelo común a cualquier conflicto. Antes de la intervención militar, es menester “fabricar el consentimiento” de la población, tal y como lo detallaron Chomsky y Herman (1989)[2]. Dicho modelo, se usa para movilizar o producir una emoción de simpatía en el público en general hacia la necesaria intervención para ayudar a las víctimas, generando una antipatía generalizada para quienes se suponen son los agresores. El profesor Francisco Sierra, por su parte, señala que “(…) Los medios tienen, por ello, como función crear las condiciones adecuadas para mantener los verdaderos objetivos de la intervención oculta a la opinión pública y difundir, en su lugar, un objetivo de tipo simbólico, imaginario, que refuerce el apoyo de la población (…)”[3].

GUERRA 1

Los manuales militares ya se refieren a la utilización de esa herramienta de fabricación del consentimiento, pero los periodistas y medios de comunicación masiva, en su ya tradicional ego superlativo, lo siguen negando. Decía el estratega militar Steven Metz que “(…) Debemos fomentar un consenso general para apoyar el empleo de la fuerza y sólo se puede lograr lo anterior usando objetivos imprecisos y simbólicos, que constituyen una base estratégica muy débil. Cuando existen reales objetivos, normalmente son secretos (…)[4]. En estas guerras de opinión, antes de vencernos primero nos convencen.

EL “EJÉRCITO-RED”

Bien podría decirse que hay una nueva fuerza de tareas especiales: el “ejército-red”, definido como la fuerza de tarea especial que tiene como misión librar las batallas en la internet y los medios de comunicación, conformada ya no por Marines sino por soldados opinadores, que busca generar una matriz de opiniones que bien pueden transformarse en “primaveras” al estilo árabe o en levantamientos “populares” al estilo Venezuela. En todo caso, la difusión masiva por los medios tradicionales y no tradicionales aún encuentra resistencia, dado que el ciber espacio deja la opción de mostrar con pruebas que los vectores de opinión en marcha son una construcción social virtual, razón por la cual se han dejado en evidencia los montajes -un video que muestra cómo CNN “fabrica” una protesta- o a los verdaderos participantes de una revuelta como en el caso venezolano, donde se supone no hay comida pero los manifestantes usan máscaras de gas de varios cientos de dólares.

Ese moldeamiento de la opinión hace parte de las llamadas “operaciones psicológicas” introducidas en múltiples agencias de seguridad de los Estados Unidos, a tal punto que existe un Equipo de Apoyo de Información Militar (MIST) con sede en Washington, D.C., que estuvo involucrado -por ejemplo- en la llamada “primavera árabe”. ¿Cómo entender que pueblos con costumbres distintas a las occidentales convoquen protestas por medio de redes sociales para derrocar a un gobierno, o que la utilización de esas mismas redes sociales presente un sospechoso crecimiento en esos países en menos de una semana? La internet fue, en este caso específico, el portaaviones que inició los cambios en oriente medio, donde hoy el caos se magnificó y la muerte se multiplicó solo para lograr petróleo más barato.

Tradicionalmente, Estados Unidos ha privilegiado el control de las comunicaciones internacionales como principal estrategia de propaganda en la confrontación bélica regional. Así , por ejemplo, continuando con esta estrategia de control y dominio de los sistemas de comunicaciones, en Oriente Próximo el poder informativo de la BBC y la Voz de América ha sido complementado por diversas alianzas político-mediáticas con países amigos como Arabia Saudí a través de empresas multimedia como NBC, ORBIT Communications y la Arab Network Agency, en la particular cruzada occidental contra el avance islámico y los movimientos políticos nacionales antiimperialistas que afectan a los intereses estratégicos de Estados Unidos en la zona”[5].

Existe una curiosa dicotomía, y es que mientras la gente cada vez cree menos en los medios de comunicación y en los periodistas en general, todo parece indicar que se sigue confiando en alto grado en los contenidos transmitidos por éstos y por “lo viral” en Internet. Es decir, se cree menos en quien emite el mensaje, pero el mensaje sigue teniendo un efecto importante en el público, lo cual parece magnificarse cuando ese mensaje acude a la extensión de una idea en la “masa”, pues el comportamiento que busca suscitar o la idea que pretende inculcar se manifiesta de manera más visible en la mentalidad de masa, quizás porque ello excusa al sujeto de asumir la responsabilidad de su comportamiento individual, bajo la premisa de que los otros lo están haciendo también. La culpa, la medida ética y la responsabilidad, se diluye en el grupo, en la muchedumbre, en la masa y en el supuesto anonimato que provee la Internet.

Respecto del caso venezolano, el periodista colombiano Jorge Espinosa publicó en julio de 2017 un documento sobre lo que de verdad estaba sucediendo en Caracas, con base en una visita que él mismo hizo a la capital venezolana. En su columna “Lo Que Vi En Caracas”[6], Espinosa cuestiona la veracidad del enfoque que medios colombianos daban a la situación venezolana, y finaliza haciendo un llamado que uno creería está sobreentendido en el periodismo: “Invito, además, a que los colegas duden de las noticias que son solo catastróficas. Uno puede, en lo personal, creer que Maduro es un desastre y que la revolución ha sido un fracaso. Pero eso no da licencia para contar solo una parte de la historia”. Ese contar solo una versión de los hechos no es casual, sino la demostración de que hay una estructuración de un discurso validador. El mismo día en que Espinosa publicaba su columna, otros opinadores como Manuel Teodoro y Abelardo De La Espriella, desde sus espacios[7], comenzaron a sondear la opinión pública e hicieron un llamado: la muerte de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, era necesaria. Sobra decir que Venezuela tiene una de las más grandes reservas de petróleo del mundo.

EL EJEMPLO SIRIO

Cuando en abril de 2017 se produjo en Siria un ataque con armas químicas en el marco del conflicto que desde 2011 se vive en ese país, era común ver que se reproducía en redes sociales las imágenes y videos de niños agonizantes como consecuencia del ataque, fenómeno que se viralizó en pocas horas y que generó en la opinión pública de occidente la sensación de que había que hacer algo al respecto. Pocos días después, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desplegó un bombardeo con misiles contra posiciones del ejército y la aviación Siria, lo cual generó la sensación de que el país más poderoso del mundo estaba “haciendo algo” para evitar la barbarie; sin embargo, lo curioso es que esos ataques causaron un número indeterminado de bajas civiles que muchos contabilizaron en una centena, incluidos niños, casi tantos como el ataque químico que le precedió, pese a la insistencia de acuñar términos como “ataques de precisión quirúrgica” y “bombardeos preventivos”. La noción de que hay guerras buenas, o necesarias por lo menos, es una pretendida interpretación de cuando quienes están en la cúspide de ese darwinismo social quieren -¿necesitan?- que haya un conflicto; es decir, la guerra es buena cuando la lidera occidente, y mala cuando la hacen los otros, o por lo menos eso buscan que creamos.

¿UNA GUERRA “NO GUERRA”?

El impacto que tiene la televisión en el público ha construido una representación de la guerra como una invención de Holliwood. Ya casi parece que la guerra fuera un juego de video, no un drama real; los muertos y afectados son cifras, las imágenes de la televisión tienen el mismo formato de los juegos y tendemos a creer que los conflictos son cosas que les ocurre a otros, en lugares distantes, y que no nos afecta a nosotros. Esa “cotidianización” de la guerra impacta en el público, quien comienza a concebir al conflicto como algo normal y corriente, disminuyendo su oposición a que suceda. Ese es el objetivo: que asumamos a la guerra como parte de nuestra vida diaria y, por ende, normal.

Al estar familiarizados con la guerra, al estar de acuerdo con una intervención militar necesaria, se disminuyen las posibilidades de oposición interna y externa a un conflicto y se aumenta la confianza en una “guerra aséptica” o de “precisión quirúrgica”, un formato que nuevamente nos remite a los juegos de video y que banaliza la estela de muertes de toda guerra. Esta tendencia cobró especial auge tras los descalabros de guerras como Vietnan y sus predecibles consecuencias en la salud mental de sus combatientes; el número de bajas propias, el impacto de jóvenes muertos o mutilados volviendo a casa, hizo necesario un nuevo formato en el que las personas asumieran a la guerra en un universo supra real, de tal forma que ahora los veteranos de guerra son exhibidos como héroes trofeos mientras se oculta sus desgracias.

¿CUÁL CUARTO PODER?

La extendida creencia de que el periodismo y los medios de comunicación son el cuarto poder, viene a ser cuestionada en estos momentos de la realidad de la humanidad. Queda claro, entonces, que las Guerras de Opinión no son una invención, ni mucho menos, y que ello no se refiere solamente a formas de conflictos circunscritas a lo militar, sino que también incluye capítulos de “guerra económica”, todo ello usando a los medios de comunicación y a los periodistas como un arma más. Es el periodismo, los medios de comunicación y la internet, un títere manipulado en función de intereses superiores, aunque insistamos en mostrarlos como todopoderosos voceros de los ciudadanos.

El periodismo no es el cuarto poder, sino un vulgar instrumento de los otros poderes.

NOTAS:

[1] CHOMSKY, Noam. Fabricando el Consenso: El control de los medios masivos de comunicación. Buenos Aires – 2004 (Edición original: 1993). Recuperado el 10 de julio de 2017 en https://lascampanas.files.wordpress.com/2012/03/chomsky-fabricando-el-consenso.pdf

[2] CHMSKY, Noan; HERMAN, Edwar:  Manufacturing consent: The political economy of the mass media, 1988. Pantheon Books.

[3] SIERRA, Francisco. Sistemas de Información y Vigilancia: Nuevas tecnologías de la comunicación y control social. Recuperado el 10 de julio de 2017 en: http://www2.uned.es/ntedu/espanol/master/primero/modulos/teoria-de-la-informacion-y-comunicacion-audiovisual/infoguerra.htm

[4] METZ, Steven. “Victoria y Compromiso en la Contrainsurrección”. Military Review, Noviembre-Diciembre, 1992

[5] NABA, René. Guerre des ondes…guerre des religions : la bataille herzianne dans le ciel méditerranéen, L´Harmattan, París, 1998. Citado por SIERRA, Francisco, en Sistemas de información y vigilancia Nuevas tecnologías de la comunicación y control social.

[6] Espinosa, Jorge. Lo Que Vi En Caracas, columna de opinión. Diario El Espectador, julio 09 de 2017. Recuperada en http://www.elespectador.com/opinion/lo-que-vi-en-caracas-columna-702275.

[7] De La Espriella, Abelardo. Muerte Al Tirano, columna de opinión publicada por diario El Heraldo, julio 09 de 2017. Recuperado en https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/muerte-al-tirano-380143

julio 10, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

ALZADOS EN ODIOS

La dejación de armas por parte de las FARC es apenas el comienzo de un camino difícil, donde la dejación de los odios por parte de los colombianos será ya no un tema meramente político, sino una cruzada psiquiátrica sin precedentes en el mundo.

Por: Alex Guardiola Romero

Pese a las muestras irrefutables de que el acuerdo con las FARC ha sido mejor que seguir en guerra, los colombianos siguen teniendo el cuchillo entre los dientes. De nada ha valido que las muertes entre la población civil y las fuerzas militares por el fin del conflicto hayan desaparecido, pues en los nueve meses del cese el fuego con las FARC solo hubo 1 herido en un hecho en el que un miembro del ejército entró irregularmente a una zona de exclusión, según datos del monitoreo del CERAC. Tampoco ha valido que no se hayan presentado enfrentamientos con las FARC, y que el único hecho atroz denunciado fue la violación de una menor por parte de un miembro del ejército. Tampoco ha importado que desde el 27 de junio haya 7.132 armas menos para matar en el conflicto. A los colombianos les sigue pareciendo mejor una guerra a la que ya estaban acostumbrados, les sigue gustando un discurso incendiario que los usa como carne de cañón, y siguen convencidos de que odiar es mejor.

DEJACIÓN 1

La encuesta Gallup de junio de 2017, cuyas muestras se tomaron entre el 15 y el 24 de junio, indica claramente que los colombianos seguimos alzados en odios, aunque evidencia una complejidad -casi una multipolaridad- en cómo nos sentimos frente a distintos tópicos del país y de nuestras vidas. Llama la atención, por ejemplo, que según ese instrumento de medición los colombianos piensen que ya el conflicto armado no es el principal problema de Colombia, y que ahora en cambio lo es la corrupción (28%) y lo que definen como “otros problemas” con un 35%, pero que un 43% sigan creyendo que la situación con la guerrilla está empeorando. Vale anotar que la medición se realizó varios días antes de que concluyera la dejación de armas por parte de las FARC, evento que si bien no tuvo el cubrimiento de prensa que uno creería merecería semejante hecho en una sociedad sana, sí influye en el estado de ánimo de los colombianos, no obstante los esfuerzos de muchos medios de comunicación por mostrarlo como “un circo” que ratifica “la entrega del país a las FARC y al castrochavismo”.

No será fácil demostrarles a los colombianos que el odio que le exacerbaron con fines políticos en las últimas décadas solo perpetúa la cadena de dolor y muerte. Hay generaciones que crecieron escuchando a políticos tratar de convencernos de que estaba bien matar a muchachos pobres inocentes y luego mostrarlos como guerrilleros caídos en combate, hay quienes sufrieron directamente el conflicto y será una tarea titánica hacerlos entender que la única manera de evitar que ese dolor le siga pasando a otros es abandonando la guerra. Hay políticos que construyeron su rédito electoral alrededor de la muerte y que no dejarán que ese discurso se les acabe, así les toque provocar más muerte, como ya lo han advertido. Hay fortunas construidas desde el despojo de tierras, la corrupción inherente a la guerra y tejidas con el hilo infame del narcotráfico, muchas de las cuales reposan en poder de personajes que insisten en mostrarse como prístinos empresarios emprendedores. Esos no dejarán que la sociedad cambie, porque la actual situación de odio les conviene; al fin y al cabo, para que surja un Mesías siempre se necesita que haya caos y desesperanza.

La encuesta Gallup de junio de 2017 nos indica que los colombianos solo tienen una opinión favorable del 44% de Humberto De La Calle, quien negoció los acuerdos con las FARC, pero en cambio tienen una opinión favorable del 46% de Álvaro Uribe Vélez, durante cuyo gobierno las víctimas del conflicto armado sobrepasaron los 5 millones, contando más de 8 mil asesinatos extrajudiciales conocidos como falsos positivos. Es decir, los colombianos admiran más a quién utilizó la guerra como el vehículo de muerte, que a quien logró la paz como forma de salvar vidas.

Aunque la verdad termina por imponerse, será difícil desmovilizar los odios de los colombianos mientras nos encontramos en medio de un bombardeo de mensajes que buscan desmentir la realidad. Primero nos dijeron que las FARC nunca dejarían las armas, luego que la ONU se prestaba para una farsa, y ahora que esas no son todas las armas y que hacen falta unas municiones. La repetición de esos mensajes cala en una sociedad con abulia que toma como cierto lo que digan algunos personajes y medios de comunicación instrumentos de esa agenda de odio, porque al colombiano promedio le cuesta pensar. La base de la guerra es y seguirá siendo la ignorancia; por ello, el odio tiene más cabida que el amor, porque para el amor y la esperanza se requiere una comprensión de la realidad que algunos colombianos no alcanzan. En palabras de Amos Alcott, “la enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”.

Educar para la paz implica transformarnos desde adentro, así como revalorar las prioridades que tenemos como sociedad y como país. Hay que empezar por la transformación de la realidad para modificar los hechos objetivos generadores de violencias, como la corrupción que ya no solo es política sino del día a día de nuestras vidas. Cambiar la cultura del más vivo debe conllevar también a que seamos capaces de ver más allá de lo obvio, a que nos interesemos más por aprender y analizar que por repetir frases de cajón diseñadas para hacernos parecer un ejército de zombies. El camino para lograr la paz apenas comenzó, y aunque lo importante es haber dado los primeros pasos hay que saber que esto no será fácil, no solo por la complejidad que ello implica sino porque siempre habrá quienes busquen hacérnoslo más complicado.

DEJACIÓN 2

Por décadas, la guerra enloqueció a los colombianos, así que es apenas obvio que ahora la paz también nos enloquezca. Lo difícil será hacer posible un tratamiento psiquiátrico colectivo para una sociedad enferma con un sistema de salud como el nuestro, creado para perpetuar el dolor y la enfermedad por los mismos que alimentaron la guerra. La salud mental de los colombianos debe ser una cruzada mundial, y hoy más que nunca necesitamos apoyo internacional para abandonar el odio.

Que alguien venga y nos quite el dedo del gatillo, por favor.

junio 29, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

VOTOS DE SANGRE

Con el atentado en el centro comercial Andino, los señores de la guerra comenzaron a fabricar una sensación de miedo que justifique la llegada de un Mesías, ojalá con todo y sus Doce Apóstoles.

Por: Alex Guardiola Romero

Con el criminal atentado del sábado en el centro comercial Andino, en Bogotá, comenzó la carrera por la presidencia de la república. Y comienza con los señores de la guerra buscando crear zozobra, no solo porque eso es lo que ellos saben hacer, sino porque nada les funciona tan bien como el miedo. Una población asustada busca un Mesías, y allí es cuando aparecen ellos con todo y sus doce apóstoles, sin importar cuántos muertos causen en su camino. Para mostrarse como salvadores no les interesa incendiar un país que solo quiere dejar de matarse; los suyos son votos de sangre.

Es que firmada y en ejecución la paz con las FARC, y en proceso de negociación con el ELN, a los señores de la guerra se les acaba el discurso. ¿Quién es el Mesías sin su némesis?  Por ello, la búsqueda de continuar la zozobra era una estrategia tan previsible como absurda que me temo se va profundizar con el paso de los días. Ante la pérdida de credibilidad, ante la inminente dejación de las armas por parte de las FARC, ante la carencia de un discurso que sostenga su mafia, aquellos que prometieron hacer trizas la paz recurrirán una y otra vez a generar miedo, igual que antes lograron “emberracar” a la gente para que saliera a votar. Esa es una receta que antes les ha funcionado y que repetirán hasta la saciedad, eso si se lo permitimos.

PATRIOTA

Podría afirmarse que ellos utilizan la combinación de todas las formas de terrorismo, porque no contentos con matar a tres mujeres indefensas en el baño del centro comercial Andino, continuaron su terrorismo desde las redes sociales. Allí insinuaron de manera “libreteada” que la ciudadana francesa fallecida había ido a Cuba a quién sabe qué, que eso de ayudar a niños y niñas pobres en un colegio de la Bogotá profunda no era tan inocente. En su demencial ceguera, los señores de la guerra fueron tan viles que estructuraron un discurso legitimador de la barbarie para que los colombianos asumiéramos que el terrorismo físico y virtual serían cosa del día a día de ahora en adelante en nuestras vidas, hasta que emergiera la figura salvadora del Mesías. Lo complementaron con fotografías infames de los heridos, como cuando mostraban montañas de supuestos guerrilleros caídos en combate con botas nuevas y puestas al revés en pies de tallas distintas. En resumen, desde el sábado comenzaron a “cotidianizar” la violencia, preparándonos para lo que tienen pensado: hacer trizas la paz.

Pocos segundos después del atentado, ya Salud Hernández decía que ese acto terrorista tenía el sello del ELN, ya congresistas pedían evitar que Juan Manuel Santos terminara su mandato constitucional mediante un golpe de Estado, y ya el otrora consorte del líder paramilitar Carlos Castaño hacía circular fotos sangrientas por las redes. Y entonces uno se pregunta cómo “resolvieron” tan rápido el atentado, cómo investigaron en solo segundos, y la conclusión obvia es que no solo sabían lo que iba a ocurrir, sino que todos estaban sentados frente a su computador o teléfono inteligente ansiosos por decir lo que ya tenían libreteado.

Pero lo peor no son los actos de la gente mala sino la credulidad de la gente buena. El problema no es que mientan, ataquen, maten o delincan de manera aleve, sino que haya quienes les crean con la ceguera propia del fanatismo, porque lo único peor que el infame es quien lo defiende. La estrategia de dividirnos incluso ante un hecho tan execrable, es un juego de tontos en el que caemos no porque sea una manifestación del “culiprontismo” propio de las redes sociales en Colombia, sino porque ello les representa réditos políticos; mientras nos lanzan una carnada para que peleemos entre nosotros, ellos seguirán reinando en su reino de sombras y cadáveres.

Está más claro que nunca: la decisión es entre la paz o la guerra. Cualquier paz imperfecta es preferible a una guerra perfecta, y ciertamente prefiero ver a Timochencho tirando discursos y no tirando cilindros bomba contra un pueblo cualquiera. La reciente reflexión del padre Alberto Linero sobre la necesidad de perdonarnos como sociedad es más profunda de lo que cualquiera pueda pensar, pero para que ello suceda debemos llegar a un estado de reflexión muy difícil de alcanzar con el atronador ruido de las bombas. Continuar con la zozobra, expandir el miedo como un vector de viralidad, es la manera que tienen aquellos para que no tengamos tiempo de perdonarnos, para que no tengamos tiempo de pensar. Colombia debe ser el único país donde algunos se oponen a que la guerrilla más antigua del mundo entregue sus armas y las cambie por los discursos, y para evitar que ello suceda recurren a lo impensable. Ya aquellos están acostumbrados a la muerte y no nos quieren dejar acostumbrar a la paz.

En conclusión, matar a inocentes solo para decir “esa es la paz de Santos” es lo más infame que un ser humano pueda hacer, incluso tratándose de los señores de la guerra.

junio 20, 2017. Etiquetas: , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

¡QUÉ FEOS SON LOS POBRES!

Pintar casas de barrios pobres y borrar grafitis, son acciones que hacen parte de la estrategia de Enrique Peñalosa para atacar la pobreza con soluciones cosméticas, mientras aumenta el número de personas en esa condición en Bogotá.

 Por: Alex Guardiola Romero

Cuando un alcalde se preocupa por pintar las paredes de un barrio habitado por gente pobre, pero al mismo tiempo le cierra la sala de pediatría del hospital más cercano, demuestra que para él la pobreza es un problema estético, no humano. En la Bogotá de Enrique Peñalosa durante el año 2016, según los datos del DANE, un número superior a las 98 mil personas se volvieron pobres. Es decir, bajo la administración del alcalde que hablaba de hacer una “Bogotá mejor para todos”, se aumentó por primera vez en las últimas dos décadas el número de pobres, pues según el DANE se pasó de una pobreza monetaria del 10.4% en 2015, al 11.6% en 2016, ello gracias a que el alcalde “técnico-doctor-gerente-urbanista” disminuyó los subsidios para grupos específicos como la tercera edad y los niños, que evitaban que pasaran hambre. Lo peor y descorazonado es que una persona no es pobre si sus ingresos mensuales superan los 241 mil pesos, una verdadera burla para el ser humano, lo que indica que ni siquiera con una meta tan baja Peñalosa logra anotarse indicadores positivos. Eso sí, pintó las fachadas de todo un barrio, para que por lo menos las casas de esos pobres no dañen el paisaje.

Pero con Peñalosa no solo disminuyó el nivel de ingresos de los más pobres, sino también el acceso de éstos a servicios indispensables como salud, educación o entretenimiento, que en conjunto determinan la calidad de vida. En efecto, la pobreza multidimensional que mide las condiciones de vida de las familias, pasó de 4.7% a 5.9% en 2016, siendo Bogotá la única ciudad de Colombia en la que se registró un aumento de este indicador. Toda una vergüenza nacional. No era de esperarse un resultado diferente cuando, solo por citar un ejemplo, se cierran unidades pediátricas en los hospitales públicos de las localidades con mayores niveles de pobreza para entregar su operación a privados cercanos a la administración.

BOGOTA

Lo que la alcaldía de Peñalosa ha llamado la reorganización del sector salud, no ha sido sino un conjunto de medidas para favorecer la privatización de ciertos servicios, como el ya citado servicio de pediatría, y que ha dejado en déficit a los hospitales públicos. Para diciembre de 2015, según cifras reveladas por la misma Secretaría de Salud de la administración Peñalosa en documentos de febrero de 2016, Bogotá contaba con 2849 camas hospitalarias en la red pública, de las cuales 564 eran pediátricas; sin embargo, un año después, cuando ya estaba en marcha la tan mentada reorganización, el número total de camas hospitalarias era de 2535, con 314 camas menos en solo un año, entre ellas 108 camas pediátricas menos.

Disminuir el número de camas ha generado una congestión sin igual en los hospitales ya de por sí hacinados, tal y como lo reveló un informe de la Personería de Bogotá, en el que se evidenció que el 77% de las Unidades de Servicio de Salud de Urgencias del Distrito de nivel de atención II y III, se encuentran en sobreocupación y el 23% ni siquiera tienen concepto higiénico sanitario. Los hospitales ubicados en las localidades más pobres son los que presentan mayor nivel de hacinamiento, con pacientes en los pasillos al lado del cuarto de basuras, o mujeres en trabajo de parto acostadas en cartones en el suelo. Según la Personería, se evidenció que los hospitales de Bosa y Tunal son los casos más graves de hacinamiento en el servicio de urgencias, con el 240% y 324% respectivamente, y le siguen en sobreocupación Santa Clara con 161%, Simón Bolívar con 153%, Meissen 128%, Kennedy 125% y Engativá 121%.

Pese a la estrategia de culpar de todo lo malo a la pasada administración, pero eso sí robarse sus triunfos y mostrarlos como propios, Peñalosa no puede refutar las cifras que revelan incluso organismos de control en cabeza de funcionarios elegidos por el concejo de la ciudad, absolutamente arrodillado al alcalde. Por ejemplo, el hospital El Tunal tuvo en 2015 -durante la era Petro- un hacinamiento general promedio del 83%, pero en 2016 con Peñalosa ese hacinamiento general fue 226%, razón suficiente para que la personera de Bogotá, Carmen Teresa Castañeda, se atreviera a decir en los medios de comunicación que “los pacientes están en peores condiciones que los habitantes de la calle”.

En su informe, la Personería de Bogotá reveló que en Kennedy al menos 12 niños llevaban más de tres días esperando remisión a la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica, muchos de ellos con cuadros clínicos muy complejos, y que “sin ninguna consideración con los menores, se realizan junto a ellos unas obras de ampliación de infraestructura”, lo que retrata perfectamente la visión de Enrique Peñalosa: el cemento es más importante que los seres humanos.

La pobreza no es un problema de estética y no se combate pintando casas sino brindando oportunidades, garantizando el acceso y disfrute pleno de los derechos como el de salud o educación, y no convirtiendo lo público en un botín para entregar a amigos financiadores de campañas a la alcaldía. Una visión de ciudad centrada en desaparecer lo feo, pronto comienza a hacer limpiezas para que los pobres no se noten. Con Enrique Peñalosa está claro que se concibe a los pobres como antiestéticos, pues la actitud y acciones en contra de los vendedores ambulantes -por ejemplo- o pintar las fachadas del barrio Las Cruces sin importar que sus habitantes no tengan qué comer, demuestra que están convencidos de que hay que resolver el problema de “ese montón de pobres que afean la ciudad”.

Solo basta recordarle al alcalde Peñalosa que la pobreza tiene una dignidad que su soberbia jamás alcanzará. Ser pobre es una condición que puede cambiar; ser un pobre ser humano, no.

junio 10, 2017. Etiquetas: , , , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

VAYA A COMER MONDÁ

Mandar a comer mondá ha evitado más muertes que todas las campañas contra la violencia porque representa el espíritu no violento y exagerado característico del ser humano Caribe.

Por: Alex Guardiola Romero

Cada vez que alguien en medio de una discusión manda al otro a comer mondá, le está salvando la vida. La histriónica expresión de quienes nacimos en el Caribe, que en otras latitudes equivale a “vete al carajo” o “vete al diablo”, pero con la exageración propia de quienes nacimos en este lado del mundo, es un catalizador de la violencia fatal sin igual. Me explico: dado que en el Caribe colombiano utilizamos la expresión de marras, logramos evitar que las agresiones pasen a un plano físico o a la generación de lesiones potencialmente fatales, lo que explica que se mantengan bajos índices de homicidios en los departamentos de la costa norte colombiana, a pesar de todos los precursores presentes, tales como la pobreza, el hambre, el desempleo, la desesperación y el olvido.

EMPANADAS

La expresión en boca de un caribeño se convierte en un punto final para la discusión, en una liberación para quien la profiere y en una sentencia inapelable para quien la recibe. Mandar a comer mondá ha evitado más muertes que todas las campañas para evitar la violencia juntas, quizás porque representa el espíritu no violento característico del ser humano Caribe. Cuando a uno lo mandan a comer mondá, no solamente se queda sin nada que decir sino pensando de dónde pudo haber surgido tamaña genialidad. Alguien que zanja una discusión con esa expresión, no merece nuestra venganza sino nuestra admiración.

En otras partes, especialmente en aquellas donde se presume de una fingida decencia, cada vez que se privan de reventar en cólera de una forma tan llamativa como mandar a alguien a comer mondá, se atiza el fuego de la venganza y la muerte. Quien no grita su frustración con tan poderosa frase se convierte en un asesino en potencia, guardando todos los rencores que inevitablemente un día se convierten en sangre y dolor. Por intentar ser más cultos, muchos transitan el camino que los lleva a ser como Pablo Escobar, sencillamente porque ni su lenguaje ni su ropa les ha permitido hacer catarsis de la rabia que para algunos significa vivir.

Para quienes no están familiarizados con el término, en el Caribe colombiano “mondá” es la locución popular que se refiere al miembro viril masculino, pero solo a aquellos cuyas dimensiones son dignas de mencionar. Sin embargo, dado el uso generalizado del término en las últimas décadas, en la costa norte colombiana ha venido a llamársele “mondá” a todo, lo cual incluye desde una distancia considerable hasta a una cosa u objeto indeterminado; es común escuchar frases como “pásame esa mondá que está ahí” o “esa mondá está muy lejos”. La palabra “mondá”, se presume, viene de la expresión francesa “mon dieu” que significa “dios mío”, utilizada para denotar sorpresa, y se cree era la utilizada por las putas francesas asentadas en las zonas de tolerancia en Barranquilla, Santa Marta, Ciénaga y toda la zona bananera de principios del siglo XX, cada vez que veían el tamaño del miembro de sus clientes nativos de estas latitudes. Con el pasar del tiempo, se extendió la utilización de la palabra “mondá” porque se asumió que la expresión de asombro de las meretrices francesas era su manera de designar al pene, hasta llegar a su polisémica actualidad.

Sin importar su etimología, la palabra “mondá” se usa en todos los estratos sociales del Caribe, desde el vendedor deslenguado y procaz del centro de Barranquilla, hasta por la señora que se cree europea en los sitios exclusivos de la Cartagena inalcanzable. Dado que es patrimonio del lenguaje en el Caribe, y quizás porque se refiere muchas veces al miembro viril de considerables dimensiones, en otras partes se le asocia con la vulgaridad y la falta de cultura, desconociendo su poder liberador y su riqueza lingüística y cultural. Para los barranquilleros especialmente, la referencia fálica de la palabra es tan importante que está representada en el disfraz de la marimonda, toda una celebridad que permanece en el tiempo en el Carnaval de Barranquilla y que resume de una forma jocosa la esencia de esa fiesta.

Yo creo que el intento de algunos por proscribir la palabra mondá no hace sino reflejar su frustración y envidia por lo que representa y ellos no tienen, negándose las bondades que para su vida diaria tiene el utilizarla (me refiero a la expresión, no me malinterpreten); mandar a comer mondá y gritarlo con ahínco es, indiscutiblemente, de los mejores psicólogos que cualquiera pueda procurarse, porque el suyo no solo tiene un efecto placebo sino un verdadero poder liberador.

Dentro del espíritu festivo propio de los habitantes del Caribe universal, y especialmente el Caribe colombiano, no tiene cabida la muerte, a tal punto que durante las festividades nos burlamos de ella caricaturizándola y haciéndola prescindible, por ejemplo, con el renacimiento de Joselito Carnaval cada año. Por ello, es una desviación sociológica imaginar que en el Caribe colombiano se escenifiquen la violencia y la muerte como parte de nuestra cotidianidad, razón por la cual las que podríamos llamar “maniobras evasivas” son parte integral de nuestra idiosincrasia. En este orden de ideas, mandar a alguien a comer mondá refleja nuestro deseo por huir del pleito, por sacarle el cuerpo a la violencia y a la muerte. Es, también, una manera de decirle al otro que su rabia enceguecedora solo tiene cabida en un sitio tan lejano que solo puede ser descrito con la palabra “mondá”.

La vida en el Caribe colombiano es sagrada, razón por la cual su preservación requiere de inventiva y magia cotidiana. Sin dudarlo, la próxima vez que a usted lo manden a comer mondá, vaya y hágalo, porque eso significa que se le quiere tanto que están dispuestos a evitarle la violencia. ¡Cuántos muertos nos hubiéramos ahorrado en Colombia si mandáramos a quien se merece a comer mondá!

abril 17, 2017. Etiquetas: , , , , , , . Uncategorized. 1 comentario.

ELOGIO DE LA VEJEZ

Pasamos cuarenta años viviendo y los otros cuarenta huyendo de la muerte, como si al final pudiéramos evadirla. La vejez me ha regalado la virtud de saber que ser feliz no tiene porqué traer sobresaltos.

Por: Alex Guardiola Romero

Uno sabe que está viejo cuando espera el viernes no para salir de fiesta, sino para poder levantarse más tarde al día siguiente; al final, uno termina despertándose a la misma hora de siempre, casi de madrugada, y corre a buscar en qué ocuparse, porque estar viejo y desocupado es ser doblemente infeliz. Y no digo que tenga 70 años, sino que hoy los fanáticos de la juventud nos consideran viejos cuando detestamos el reggaeton, o cuando insistimos en no hablar pendejadas, o cuando comprendimos que no tiene sentido armar un dantesco espectáculo de cada decepción amorosa, por muy pequeña y trivial que sea, porque los “viejos” adquirimos la sana costumbre de amar en silencio.

Yo, que a los 20 años era un joven recién envejecido, he aprendido a lidiar con la obsolescencia programada que me tocó. No le encuentro gracia a embutirme en una discoteca asfixiante y estridente a bailar una gritería obscena a la que llaman “música”; en cambio, cultivo el arte de la palabra y las conversaciones embriagantes en sitios donde la música aún me deja escuchar a mi acompañante, y donde la urgencia de emborracharse no me da estatus.  Privilegio la calidad, no la cantidad, de tal forma que no me mido como amante por la cantidad sino por hacerme inolvidable, entre otras cosas porque a los viejos nos angustia conseguir la inmortalidad.

VEJEZ TIC TAC.jpg

Y aprendí a amar en calma. La vejez me ha regalado la virtud de saber que ser feliz no tiene porqué traer sobresaltos. También, que los amores desechables solo llenan un vacío que al día siguiente se hace más grande, razón por la cual el amor ha ratificado su talante de trampa mortal que solo busca preservar la especie, como si estuviéramos volviendo al estadio anterior a los monos. El amor de nosotros, los viejos, está hecho de nostalgias, no de premuras, y las canas nos han servido para saber que nadie se muere de amor, aunque preferimos vivir de él, porque cuando alguien se va no puede llevarse los recuerdos, los cuales podemos traer de presente cómo nos dé la gana, al fin y al cabo qué es un viejo sino una hemeroteca de recuerdos guardados en recortes archivados al arbitrio del acechante Alzhéimer.

El dolor en la rodilla, por ejemplo, me enseñó que el mejor fútbol es el que ves desde la tranquilidad de tu sofá en un televisor de pantalla gigante y ultra alta definición, porque eso de sudar tras un balón es memoria inolvidable de tiempos que no volverán. Cuando uno está viejo, no tiene sentido acumular músculos, pues lo primordial es evitar que la muerte haga lo suyo a cuenta gotas. Es que pasamos cuarenta años viviendo y los otros cuarenta huyendo de la muerte, como si al final pudiéramos evadirla, por eso, coqueteamos tanto con ella que nos acostumbramos a verla de pie junto a nuestra cama vigilándonos el sueño; pobrecita, nos desea tanto que termina por enamorarse.

gardel

Para qué volver a tener veinte años, si estar viejos nos da un aura de superioridad moral que disfrutamos. Nos vemos a nosotros mismos cuando teníamos veinte y nos damos risa, aunque no falta quien lo anhele, porque lo único peor que ser viejo es serlo intentado disfrazar el paso del tiempo. Aquello de que la juventud es una edad mental, es solo el vano intento por aferrarse a ella de quienes no han sabido vivir. Es ridículo, por decir lo menos, ver a un hombre deteriorado embutido en unos jeans apretados con una camisa que lo ahoga tratando de disertar con una veinteañera sobre la influencia del reggaetonero de moda en la rumba de los jueves. Quien no acepta su vejez está condenado a morir joven, desgracia infinita, y es que la vejez entraña una dignidad que la juventud no conoce. La muerte es inevitable, la juventud, en cambio, es opcional.

Yo, que casi cumplo 39, solo espero ser lo suficientemente “viejo” como para disfrutarlos, porque tenía razón Gardel: veinte años no es nada.

 

Bogotá, febrero 21 de 2017

febrero 21, 2017. Etiquetas: , , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

ESTÉTICA SOCIAL Y ESTADO POLICIAL: HACIA UNA COLOMBIA INVIABLE

Asusta que se le otorguen poderes discrecionales a la policía, siendo ésta una institución cuyos miembros se han visto involucrados en abusos escalofriantes. Con el código de policía se puede dejar sin alimentación a toda una familia, porque acá importan los olores de los callejones y no los seres humanos.

Por: Alex Guardiola Romero

El nuevo Código de Policía sanciona con una multa de $393.449 hacer el amor en público, y con $196.724 el porte de armas como puñales, porque en Colombia es más grave amar que matar.

Este país, acostumbrado a la estética de la violencia que premia la irracionalidad de la fuerza y proscribe las manifestaciones de amor, encontró en el Código de Policía el libro sagrado para su enfermedad social: la esquizofrenia paranoide colectiva. Y es que los colombianos, pese a nuestra máscara de normalidad, escondemos una mezcla de egocentrismo, aislamiento, pérdida de contacto con la realidad e ideas delirantes como que somos un país viable, entre otros síntomas. Así, el nuevo código de policía es esa camisa de fuerza y tratamiento de electrochoques que nos venden como solución, pero que solo empeora la situación.

La ley 1801 de 2016, el flamante nuevo Código de Policía de Colombia, es la cuota inicial de un estado policial basado en una corriente degenerada de la tesis de la “estética social” desarrollada a partir de la primacía de la forma y lo “bello” por encima del ser humano mismo. Para empezar, no se trata de un código de convivencia, como es su nombre original y pretenden que lo llamemos, sino un compendio de normas que otorga poderes omnímodos a las autoridades policiales para que ejerzan el papel de correctores de la moral y la “vida decente”.

policia

El nuevo código no solo es inconstitucional por muchas razones, para empezar porque fue tramitado como una ley ordinaria cuando debió serlo como una ley estatutaria en cuanto toca los derechos fundamentales de los ciudadanos, a la luz de lo que contempla la constitución política de lo que se supone es un estado social de derechos, sino que además evidencia la desesperación de muchos sectores de implantar un modelo de Estado basado en una “estética social” que no es otra cosa que la universalización de la infamia. Es decir, a través del código de policía se materializa el deseo de muchos líderes que consideran lo que ellos llaman “orden” como lo deseable; esto es, una sociedad forzada a ser lo que a ellos les sirve que sea.

El tema es tan irracional, que orinarse en las calles –donde no hay baños públicos, por cierto- es más costoso que el salario mínimo mensual vigente. Es decir, lo que millones de colombianos ganan mensualmente para intentar alimentar a sus hijos, no les alcanzará cuando las necesidades del cuerpo apremien en las calles de  ciudades donde –vale repetirlo- no hay baños públicos. Con el código de policía, con el infame fin de que las calles estén limpias, se puede dejar sin alimentación a toda una familia, porque acá importan los olores de los callejones y no los seres humanos. Es aquí cuando sale a flote que el soporte ideológico de este adefesio jurídico y sociológico es la “estética social”, trastocada en la primacía de la forma sobre lo sustancial, una degeneración del estudio estético-social llevado al campo de la mera “belleza de forma” aplicada a una polis “ordenada” en donde los ciudadanos están al servicio de esa “belleza”, sin que ésta sea el resultado de las lecturas inter e intra textuales de la vida y los sujetos en comunidad.

Lo que más asusta es que se le otorguen poderes discrecionales a la policía, tales como trasladar “por protección” a una persona, o realizar requisas sin que medien motivos fundados, sobre todo siendo ésta una institución cuyos miembros –e incluso institucionalmente- se han visto involucrados en abusos escalofriantes contra poblaciones específicas, como golpear salvajemente a un discapacitado en silla de ruedas, o exigir sexo grupal a una menor de edad en un CAI a cambio de su libertad tras una riña sin consecuencias. En su artículo 150, el código de policía eleva a la categoría de resolución judicial a la orden de policía, exabrupto que no solo no reúne las formalidades de una resolución judicial, entre ellas las garantías procesales y el derecho a la defensa, sino que por obra y gracia de quién sabe quién convierte a los policías en jueces y fiscales.

Como si fuera poco, el parágrafo del artículo 155, que trata del “traslado por protección”, permite la detención hasta por 12 horas de personas que presenten “comportamientos agresivos y temerarios” contra autoridades policiales; es decir sin que medie proceso judicial y mucho menos condena, se autoriza a la policía a meter preso a quien le reclame a un uniformado que no violente sus derechos, como usualmente pasa. La pregunta es ¿por qué en un artículo que trata de medidas de protección que supuestamente buscan preservar la vida e integridad física de las personas, se apresa a quien tenga un altercado con un policía? ¿Entonces se busca proteger al ciudadano del policía?

Basta con ver quiénes apoyan el nuevo código de policía con alborozo cuasi orgásmico, para ilustrar mejor lo que he dicho. Personajes como el secretario de gobierno de Bogotá, Miguel Uribe Turbay, nieto del expresidente del Estatuto de Seguridad bajo el cual se practicaron torturas, asesinatos de estado y desapariciones forzadas, y cuya oficina culpó a una mujer violada y asesinada de su propia muerte, lo ha elevado a la categoría de mandamiento divino. El alcalde de Bogotá, quien ordenó la utilización de la fuerza policial a través del ESMAD contra una familia que desesperada pedían que se realizara el levantamiento del cadáver de su madre muerta en la vía pública por falta de atención oportuna en una institución de salud, también apoya irrestrictamente el nuevo código de policía. El alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, quien festejó que ciudadanos asesinaran a dos atracadores que los robaban advirtiendo que otros iban a caer de la misma forma, incluso ya tiene lista la burocracia y la tramitomanía para el cobro de las multas del código. En fin, quienes apoyan el código son personajes de dudosa calidad humana y cuestionable ética que han privilegiado modelos de ciudades donde el ser humano es solo un accesorio más.

No falta mucho para que, basados en esta degeneración de esa estética social que soporta el nuevo código de policía, se criminalice la pobreza, porque los pobres tenemos “cara de criminales” y hacemos ver feas las ciudades.

 

Bogotá, Febrero 01 de 2017.

febrero 2, 2017. Etiquetas: , , , . Uncategorized. Deja un comentario.

ESPANTAJOPISMO Y LLEVADERA: LA BARRANQUILLA QUE NO ADMITE SU POBREZA

Por su “espantajopismo” innato, el barranquillero odia sentirse pobre. En el fondo, se es “espantajopo” para sobrevivir a la dura realidad. Algún día tendremos que quitarle la espuma carnavalera al hambre.

 Por: Alex Guardiola Romero

No hay nada más difícil que convencer a un barranquillero de su pobreza. Por su “espantajopismo” innato, el barranquillero odia sentirse pobre, mucho peor admitir que un tercio de su población no come las tres veces al día, o que el índice de progreso social está estancando hace años situando a la Arenosa en los tres últimos puestos entre las principales ciudades del país. Barranquilla, y por ende los barranquilleros, sufre de un evidente abandono social, pero se potencia la cultura de un ego que oculta la realidad, una especie de “Síndrome de Doña Florinda” que parece ser el ADN de las alcaldías de la casa Char, que entendió muy bien que en Barranquilla lo importante no es serlo sino parecerlo.

Para el lector desprevenido no familiarizado con el término, bien podría definirse al “espantajopismo” como el movimiento social caracterizado por la necesidad de aparentar un estado de bienestar económico y social que no se tiene, con base en demostrar que se puede consumir licor en los mejores sitios de moda, conducir vehículos último modelo, y vestir con prendas de diseñadores, sin importar que se carezca de los recursos para cubrir las necesidades básicas individuales y de su familia. En pocas palabras, un “espantajopo” es un arribista que vive en un mundo de mentiras inventando fantasías para no llorar por su realidad. Eso sí, el “espantajopo” que se respete debe presumir en redes sociales que tiene cosas, un tanto para sentirse realizado y otro tanto para despertar envidia, porque uno de los pilares fundamentales del “espantajopismo” es parecer “envidiable”, así como hace años un símbolo de estatus en Colombia era ser “secuestrable”. Por eso, no hay  nada más falso que el perfil de Facebook de un barranquillero.

Lo cierto, lo real, lo medible y verificable, es que para 2015 el 22% de los barranquilleros era pobre, es decir, que su familia no tenía con qué comprar la canasta básica de alimentos de 240.700 pesos al mes ¿qué se puede comprar con 240 mil pesos al mes? Sin embargo, casi una cuarta parte de los barranquilleros no tiene esos escasos recursos para sobrevivir. Según Barranquilla Cómo Vamos, referido al Índice de Progreso Social (que mide la calidad de vida), para 2015 se desmejoró. Según ese Índice de Progreso Social, Barranquilla es última y penúltima en el país en la categoría “nutrición y cuidados básicos” y “vivienda y servicios públicos”. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que el 29% de los barranquilleros no puede comer las tres veces al día, siendo el porcentaje más alto de toda Colombia. Es decir, el Barranquilla se está pasando física hambre. La pregunta obvia es ¿por qué al barranquillero le cuesta reconocer su pobreza?

espantajopo

Las razones sociológicas para la entronización de este comportamiento que niega la propia realidad son varias, pero bien podría decirse que, en el fondo, el “espantajopo” evade su propia realidad como una manera de catarsis colectiva, encontrando un apoyo social en sus semejantes. En resumen, se es “espantajopo” para sobrevivir. Decía Ray Bradbury que “hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”, lo cual parece ser la piedra angular de este extendido comportamiento social en Barranquilla. Con un Índice de Progreso Social de apenas el 59,4 de 100 posibles, la realidad de Barranquilla es distinta a como los barranquilleros la queremos ver, pues ubica a la ciudad en el cuartil “medio-bajo”, siendo séptima entre las 10 principales ciudades del país.

Pero el tema no es tan inocente, pues el “espantajopismo” conduce a una degradación de ciertos valores sociales que repercuten negativamente en la comunidad. Igual que la cultura del dinero fácil que nos legó el narcotráfico, el “espantajopismo” desencadena comportamientos límite –algunos ilegales- con el fin de saciar la sed de aparentar. La razón por la cual muchos jóvenes llegan a la delincuencia está íntimamente ligada a esto, pues cuando no encuentran oportunidades, cuando se da de bruces contra una realidad de desempleo, subempleo y marginación, la opción más fácil a la que recurren es la delincuencia. Así, nos encontramos con muchachos que en su afán de ser “espantajopo” atraca a otro “espantajopo” que presume en la calle de un celular de alta gama que nunca tiene minutos, para que la chica que solo se fija en “espantajopos” lo tenga en cuenta a la hora de ir a bailar a un establecimiento de moda. Lo mismo que pasó en la sociedad que formó Pablo Escobar, está pasado en la Barranquilla condicionada por los Char.

Pero en Barranquilla nada detiene al Carnaval. Gracias a eso, a que siempre el barranquillero encuentra una vía de escape, la realidad no es peor. Lo que está claro es que algún día tendremos que quitarle la espuma carnavalera al hambre y encontrar una manera de que la ciudad sea una Barranquilla de todos y todas. Pronto se hará más necesario menos circo y más pan. Más carne y menos marimonda.

enero 22, 2017. Etiquetas: , , , , , , , . Uncategorized. 38 comentarios.

Página siguiente »